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VIAJAR, ¿UN GASTO O COSTO?

Enfoque
Escrito por Enfoque

Por: Germán Hennessey

Se ha vuelto popular la broma de quien está próximo a salir de vacaciones laborales, y ante la insistente pregunta sobre dónde irá de viaje, responde que de crucero: ‘cruzando del cuarto a la sala, de la sala a la cocina’ y así, en un crucero constante, todo el día y el período de descanso. Una forma amable de indicar que no saldrá de la ciudad y se quedará recluido en casa.

En esta época del año, durante la llamada temporada alta, muchos menores de edad se quedarán en el hogar, pues sus padres no tienen vacaciones laborales o no les coinciden; o peor aún, no las planearon y no hay dinero para dirigirse a otro lugar. Otros, parecen viajeros frecuentes, provocando que los cataloguen como corresponsales de viajes o reporteros turísticos; al ver muchas fotografías en sus redes sociales solo cabe preguntarse: “¿Y cómo lo hacen?”, cómo logran viajar tanto y tan seguido; o cómo un amigo que ocupa el cargo de gerente comercial en una corporación europea con conexiones globales, a quien por su trabajo le corresponde casi que recorrer el mundo para visitar clientes y supervisar los productos, cada mes nos envía al chat del grupo fotos de sitios especiales, algunos fuera de los recorridos turísticos para deleite de todos. Es tanto lo que viaja, que ya se ganó la broma que él se dedica a pasear y las reuniones de negocios son únicamente para justificarle a la empresa su placer de trotamundos.

Quienes deben viajar por negocios o trabajo tienen una buena oportunidad para descansar, conocer y disfrutar; aunque algunos expresen su cansancio de tanto viaje, solos y de hotel en hotel; otros, los docentes universitarios, por ejemplo, planean la estadía de clases con su cónyuge, permitiéndoles ahorrar dinero y sumarle tiempo compartido a la relación. En el caso de los segundos mencionados —los viajeros con desconocidas fuentes para cubrir sus paseos—, asumimos, por lo general, que viajan con base a créditos bancarios; casi enseguida, cuando se brinda esa respuesta, surge la crítica: “Ajá, y viven endeudados”, usaron la modalidad de viaje ahora y pague después, ¿vale la pena ese endeudamiento? Similar pregunta merecen los padres de los niños encerrados en casa viendo televisión, mientras pasan los días para regresar al colegio: ¿Vale la pena ese enclaustramiento?

Quienes no viajan, argumentarán que tienen numerosas prioridades: pagar la cuota del inmueble o vehículo, las matrículas y pensiones escolares, o simplemente los salarios mensuales de ambos padres no alcanzan para darse el ‘lujo’ de viajar; si, el lujo. Muchos ven las vacaciones como un gasto suntuoso, algo superfluo, innecesario o imposible de costear; dado que el dinero de los paseos no se recupera como una inversión, ni es deducible de impuestos; muchos permanecen de crucero toda la vida. Cierto, esa plata no regresa en forma de utilidad financiera; sin embargo, todos los días da réditos emocionales que inspiran la cotidianidad, generando vínculos entre los viajeros que mantienen unidos los espíritus. Yo recuerdo con gran placer las excursiones familiares en auto y atesoro cada momento vivido; además, me arrepiento por haber hecho pocos viajes junto a mi hijo, esperando que el presupuesto familiar se ajustara.

Sí, las vacaciones en familia o en pareja suelen ser un ‘hueco’ para el bolsillo; se sufre cuando hacen la conversión a pesos de una gaseosa en el extranjero, por ejemplo, solo que será una bebida recordada con alegría en cada relato. De acuerdo, los paseos fuera del país nos pueden poner al punto de la ‘ruina’ —expresión que indica que no alcanzará el dinero mientras pagamos la cuota mensual—, solo que las fotos y recuerdos se convertirán en algo tan significativo, que elevarán la felicidad. Coincido también que las privaciones durante meses mientras ahorran serán muchas, con la respuesta de: “No hay plata, eso es para el viaje”; pero el placer del paisaje y, en especial, los rostros de dicha de los hijos o el cónyuge serán tan altos que agradecerán cada peso invertido.

Viajar, ¿un gasto o costo? Ambas, solo depende del enfoque. Para mí, un costo: dinero invertido en la vida, familia, salud y alegría; por ello, no debe ser una carga financiera si se planea bien, con un plan mensual e, incluso, semanal de ahorro familiar; con compras en temporadas bajas, de paquetes promocionales y de salirse de los concurridos planes turísticos. Dicho eso, haré mi consignación en la cuenta de ahorros para pasear. Y tú, ¿cuánto invertirás para las vacaciones de tu vida, tu pareja o tus hijos? ¡Feliz viaje, goza esas vacaciones!

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