Tiempo de fe

¿POR QUÉ DEBO ORAR? CONOZCA LA IMPORTANCIA DE ESTAR EN COMUNIÓN CON DIOS CONSTANTEMENTE

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Escrito por Enfoque

Por: Eleine Pimienta

¿Has pensado alguna vez por qué la oración debe ser parte de nuestra vida?, pues la Biblia nos enseña a orar insistentemente y con fe: Mateo 7:7. Para todos, orar debería ser una prioridad, con el fin de cultivar nuestra relación con Dios; sin embargo, resulta bastante difícil desarrollar y adoptar esta disciplina, pero muy fácil abandonarla. Lo cierto es que cada día tenemos que lidiar con las presiones de la cotidianidad y esto puede absorbernos de tal manera que terminemos lo suficientemente cansados para entrar en oración.

Estos días se caracterizan por ser tiempos difíciles, pues las presiones y problemas se multiplican, Dios lo sabe. A pesar de ello, debemos reconocer que aunque las pruebas sean inquietantes, Dios nos enseña a través de su palabra que las oraciones incesantes ayudarán a mantener la paz, pese a las dificultades persistentes. Salmos 34:19: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová”; por su parte, en Mateo 26:41 vemos que Jesús instó a sus discípulos a orar diciéndoles: “No se duerman, oren para que puedan resistir la prueba que se acerca”. 

Aunque Jesús permanecía ocupado, siempre dedicaba tiempo para comunicarse con su Padre celestial; en ocasiones, lo hacía en la mañana muy temprano, descrito por Marcos 1:35: “En la madrugada, Jesús se levantó y fue a un lugar solitario para orar”. En otras, oraba al final del día, lo detalla Mateo 14:23. Vemos que Jesús procuraba sacar un espacio para orar y nosotros estamos llamados a seguir este ejemplo, tal como aparece en 1 Pedro 2:21.

La oración toma el problema de tus manos y lo pone en las de Dios, la oración es el lugar donde las cargas cambian de hombro. El sufrimiento vendrá a nuestras vidas a través de diversas pruebas, sea por quebrantamientos de salud, consecuencias de malas decisiones, situaciones económicas, injusticias, etc. De ello, no podemos estar exentos; todo esto hace parte de lo que el Señor usa para hacernos más a la imagen de su hijo Jesucristo. Romanos 12:12 declara: “Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración”.

Cada día se nos presentan oportunidades para dirigirnos a Dios, porque siempre hay una decisión por tomar, un problema por solucionar y una tentación de la cual huir. Efesios 6:18 expone: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”; así que a través de la fe podemos estar seguros que si buscamos la dirección de Dios en las diferentes áreas, nuestra relación con Él sin duda crecerá; pues el que persiste en oración conocerá el poder de Dios.

Es a través de la oración que alcanzamos intimidad con el Espíritu Santo, pues llegamos a Él confiados, con la certeza de que está cercano a nuestra plegaria, y responderá a ella según su voluntad. 1 Juan 5:14 explica: “Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye”. Es sabio creer plenamente en Dios, ya que nos conoce más que nosotros mismos y sabe qué cosas son convenientes. Por medio de la oración, Él traerá lo que se conecta a nuestro propósito, Él comprende qué es lo mejor para nosotros; debido a ello, pidamos que su designio sea hecho en todos los que buscamos de Él.

La falta de oración atrasará el propósito y el plan de Dios en nuestra existencia, mas el que ora atrae el aceleramiento. La plegaria actúa en nosotros como un soporte o escudo, es el motor, la forma en que la palabra de Dios toma vida en nosotros y empieza a producir frutos; nos fortalece, ayudándonos a afrontar toda adversidad.

¿Sientes que has venido soportando una pesada carga o has estado viviendo situaciones difíciles? La palabra de Dios dice: “Arroja tu carga sobre Jehová mismo, y Él mismo te sustentará. Nunca permitirá que tambalee el justo”, Salmos 55:22. Otro versículo declara: “Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros”, 1 Pedro 5:7.

Es en ese momento de incertidumbre, cuando estamos en la necesidad de tomar decisiones difíciles y nos sentimos bloqueados, el Señor espera ansiosamente que pidamos su favor, ayuda y la guía del Espíritu Santo. Jesús pasó una noche entera orando en privado al Padre antes de escoger a los doce apóstoles, Lucas 6:12-16; nuestras oraciones constantes y fervientes nos ayudarán a hacer frente a las situaciones de mucha tensión, librarán de tropiezos, nos esconderán en su tabernáculo en tiempos de peligro, nos sacarán en victoria de las trampas del enemigo, una y otra vez, levantándonos en medio de la debilidad. 1 Tesalonicenses 5:16-18 declara: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.

Dios, el Todopoderoso, el “oidor de nuestras oraciones”, no es como nosotros, Él nunca está ocupado para escucharnos, Salmos 65:2. Y estoy segura que asimismo espera que nunca estemos demasiado ocupados para hablarle, ya que establecer una relación de amistad con Dios es lo más valioso que podemos construir, pues ¿qué padre no se deleita al escuchar la voz de su hijo? Por lo tanto, acerquémonos con toda confianza y palabras sinceras ante el trono de la bondad inmerecida, para así, obtener misericordia y hallar gracia, Hebreos 4:16. No hay dinero que pueda comprar lo que la oración te regala, puesto que esta es la mejor de las llaves, es la llave del cielo y de tu victoria.

ORACIÓN.

Bondadoso Dios, hoy reconozco tu poder, hazme saber que tu gracia y favor actúan en mí; también, vuelvo mi corazón en amistad contigo, reconozco que solo a través de ti puedo conquistar lo que me es imposible; te invito en este momento a entrar en mi corazón y permanezcas en él.Dios, mi fe está puesta en ti, tú eres mi esperanza y creo que cualquier cosa que te pida la recibiré conforme a tu voluntad. Hoy, te pido que me sanes y limpies; déjame ver tu gloria en cada área de mi vida, quiero empezar a amarte como tú me amas. Oro para que se active en mí el deseo de orar, buscarte e intimar contigo cada día. En todo tiempo sé mi guía Jesús, y declaro que a partir de ahora son derribadas las barreras que nos separan. Te doy gracias Señor porque siempre me bendices, tengo la seguridad que en este instante has inclinado tu oído a mi oración y que obrarás de acuerdo a ella, en el nombre de Jesús, ¡amén!

PROMESA.

“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios”, Salmos 40:1-3.

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