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ANTICONCEPTIVOS: CONOZCA LOS EFECTOS SECUNDARIOS A LARGO PLAZO

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Escrito por Enfoque

Martha Yaneth Murte empezó a usar contraceptivos a los 20 años. Más tarde, comenzó a exteriorizar: sangrados abundantes, migrañas, malestar abdominal, debilidad, mareo y anemia. Tras una década utilizándolos, el especialista se los prohibió, aunque al detectarle quistes y miomas fueron recetados nuevamente; por lo que presentó vómitos, depresión, jaqueca, cambios de humor y aumento de peso. Posteriormente, quedó embarazada, “pero dos meses después perdí al bebé, el médico no tenía una respuesta, manifestándome que a veces el cuerpo podía reaccionar a tantos años de tomar anticonceptivos”, explica Murte. Luego, sufrió endometriosis e implantaron un dispositivo intrauterino que desencadenó fuertes dolores y sangrado; además, al retirarlo se necesitó un legrado, debido a que el aparato se adhirió al órgano femenino; sin embargo, los síntomas permanecieron, provocando que volviera a las píldoras. Transcurridos dos meses, a causa de la continua hemorragia, le suspendieron los medicamentos; empero, las afectaciones se agravaron, decidiendo extraerle la matriz.

Desde hace muchos años existen diferentes técnicas anticonceptivas, especialmente para las mujeres surgieron las barreras físicas —condones femeninos, diafragma, cubiertas cervicales, entre otros— y los hormonales —DIU, píldoras, inyecciones, implantes y demás—. No obstante, estos no son 100% efectivos y acarrean efectos adversos, dependiendo del tipo, implementación e incompatibilidades de cada organismo; por ejemplo, los utilizados externamente pueden causar infecciones o alergias internas y aquellos que segregan hormonas presentan alteraciones como sangrado no relacionado con el ciclo menstrual, migraña, aumento de peso y dolor mamario. Por otro lado, en casos más extremos podrían hasta perder la vida, tal fue el caso de un grupo de mujeres canadienses que murieron de trombosis —formación de coágulos sanguíneos—, ocasionada por píldoras específicas.

Entre otras investigaciones, está la encuesta realizada en Dinamarca a más de 1 millón de féminas, demostrando que los anticonceptivos hormonales elevan las probabilidades de desarrollar depresión por un vínculo entre la progesterona y los cambios emocionales durante la menstruación. Lo mismo ocurre con el cáncer de mama y cuello uterino: en el primero, un estudio efectuado a 150.000 voluntarias, aproximadamente, manifestó que al utilizar estos fármacos las posibilidades de exteriorizar la enfermedad incrementan un 7%; en cuanto al segundo, los resultados expuestos en el texto ‘Cáncer cervical y el uso de contraceptivos hormonales: una revisión sistemática’, probaron que los riesgos aumentan de acuerdo al periodo de empleo: menos de 5 años, 10%; y de 5 a 9, 60%. Por otro lado, según el artículo publicado en la revista British Journal of Clinical Pharmacology, quienes los han ingerido por mínimo 5 años, podrían presentar glioma, un tumor en el cerebro. 

Por otro lado, el ginecólogo Miguel Parra determina: “Cuando se inició, los anticonceptivos orales combinados usaban macrodosis que tenían más de 50 microgramos de etinilestradiol —estrógeno—. Hoy en día, estos han salido del mercado porque reconocen que dosis pequeñas, de 25 o 15 microgramos, son bastante eficaces y disminuyen efectos secundarios”. Un ejemplo es el dispositivo Essure —implante que ubicaban en las trompas de Falopio—, el cual fue denunciado, pues no contaba con el certificado CE que avala su seguridad y cumplimiento de los requisitos básicos. Posteriormente, publicaron las historias de varias mujeres que presentaron: ataques de ansiedad, pérdida excesiva de cabello, sangrados abundantes, infecciones y problemas de movilidad. A continuación, Enfoque Caribe le presenta algunas consecuencias graves, desarrolladas por el uso de métodos para prevenir la gestación.

DESEQUILIBRIOS EMOCIONALES.Vicky Spratt utiliza anticonceptivos desde los 14. Durante más de una década probó diferentes píldoras; empero, debía convivir con depresión, ansiedad y cambios de humor drásticos. Al pasar el umbral de los 20 años, tenía la idea de que existiera una conexión entre los fármacos y sus trastornos emocionales; tomando la decisión de suspenderlos, a pesar de las negativas por parte de los especialistas. Tiempo después notó una mejoría y paulatinamente, desaparecieron los síntomas. Actualmente, consume contraceptivos hormonales y nota leves alteraciones anímicas días antes de presentar la menstruación.

SANGRADO ABUNDANTE.El documental ‘Salud a la venta’ expuso la experiencia de Angie Firmalino, quien utilizó unos dispositivos que se ubicaban en las trompas de Falopio; luego de su implantación presentó dolencias, sangrado abundante y calambre. Durante aproximadamente 2 años vivió con fiebre, fatiga, depresión, entre otros síntomas. Posteriormente, le informaron que uno de los artefactos estaba en el útero, por lo cual concluyeron extraerlo; sin embargo, el proceso fue mal efectuado, provocando la fragmentación del aparato en su interior. A causa de esto, tuvo múltiples quebrantos de salud.

ENFERMEDAD DENTAL.La vida de Ella Jansen se tornó desgarradora luego de exteriorizar efectos secundarios por un dispositivo intrauterino: desequilibrios hormonales se manifestaron en su salud oral. Tiempo después de sufrir una hinchazón en las encías y ver espacios entre los dientes, el odontólogo le diagnosticó gingivitis, relacionada como una consecuencia negativa tras el uso de dicho anticonceptivo, indicándole que a sus 30 años podría empezar a perder los dientes. Aparte de esto, también se encontraba proclive a presentar ataques cardíacos, derrames cerebrales, fuertes dolores en el abdomen y extremidades inferiores.

COÁGULOS SANGUÍNEOS. Abbey Parkes, una joven de 20 años que sufría del Factor V Leiden —trastorno de coagulación sanguíneo—, luego de presentar dolores en el pecho se dirigió al hospital donde le recetaron analgésicos y esteroides; no obstante, transcurridos 15 días tuvo que trasladarse al centro médico, pues el malestar empeoró. A pesar de los esfuerzos, padeció un ataque cardíaco del cual no pudo ser salvada. Las investigaciones arrojaron que las pastillas anticonceptivas agravaron su situación congénita, provocando un coágulo de sangre que desencadenó el infarto.  

DERRAME CEREBRAL. Luego de su luna de miel, Sarah Revill-Dews padeció una fuerte jaqueca, que primero fue atribuida al síndrome jet-lag —trastorno del sueño—; no obstante, empezó a presentar dificultad para comunicarse. Al ser llevada a un centro de salud, le dijeron que solo era migraña, pues nadie se esperaba que a los 27 años sufriera un derrame cerebral. Como consecuencia, Sarah tuvo que aprender a hablar, leer y escribir nuevamente; más tarde, el problema fue relacionado con una alteración causada por la píldora anticonceptiva que ingería y el viaje en avión.

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