jueves, mayo 16, 2024
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ARTE SOBRE LA PIEL:  UNA MIRADA AL SIGNIFICADO DE LOS TATUAJES EN LA ACTUALIDAD Y PUEBLOS MILENARIOS

POR: GIOVANNI DE PICCOLI

Nuestra especie —el ser humano—, en sus miles de años de evolución, hasta la fecha, es la única criatura viviente que posee la capacidad de estar en contacto con el mundo que lo rodea, procesando cada mensaje recibido, a manera de señales y estímulos que, desde los 5 sentidos como receptores, son transmitidos al cerebro,  órgano que  interpreta toda esta información desde lo visual, olfativo, táctil, sonoro y gustativo, dándole sentido, forma y función a toda su existencia, en términos de percepción, sensación, emoción y, por qué no, pasión, que aunados a la capacidad de raciocinio, nos convierte en el único ser inteligente.

La vista y el saber observar —a color y tres dimensiones—, es ese primer contacto con todo aquello que nos rodea; sin embargo, muchas veces solo miramos y lo hacemos tan rápidamente, quizás, porque estamos inmersos en tantas acciones y pensamientos simultáneos que no nos detenemos por un momento a observar lo que está a nuestro alrededor, ignorando signos y significantes, porque, en mi opinión, hay diferencias entre mirar y observar. Si observáramos, aunque sea por unos segundos, podríamos aprender más de lo que el mundo, en nuestros contextos y entornos inmediatos, nos está mostrando y enseñando.  

Puede ser que, por mi formación profesional en arquitectura, arte y diseño, el observar sea necesario para que estas disciplinas puedan dar solución y respuesta a una necesidad social. Como sabemos, la arquitectura genera civilización, el arte es una manifestación que comunica; por lo tanto, es cultura; y el diseño, es aquello que resuelve problemas, a la medida del ser humano, proveyendo respuestas a necesidades básicas y complejas; sin embargo, también puede llegar a crearlas.

Desde este punto de partida, mientras entrenaba en el gimnasio, el cual, tal vez por la hora, no estaba tan lleno de usuarios, pero podrían estar unos 60 individuos —hombres y mujeres—, entre los cuales, al menos el 70% tenía un tatuaje y, de los que estaban visibles sobre el maravilloso lienzo de la piel, fueron dibujados desde formas geométricas, un tanto cabalísticas; rostros de parientes, vírgenes, el divino rostro de Cristo, hasta las más sencillas representaciones de frutas, corazones alados, aves o símbolos de todo tipo; también, letras griegas, chinas, árabes; nombres que, tal vez, pueden ser de la novia, el novio, los hijos o padres, grabados en la piel, a manera de recordación, y los más complejos que cubren toda una pierna, brazos o pectorales con las más bellas formas de animales como águilas, osos, leones o tigres; muchos de ellos hasta multicolores.

Debo decir que esta expresión artística sobre el cuerpo es una de las más costosas, pues el dibujo más elaborado puede llegar a costar entre 2 a 5 millones de pesos y si quien lo hace es un tatuador de fama, puede alcanzar hasta los 10 millones. Íconos en el mundo del espectáculo, la música y el deporte, son reconocidos por sus tatuajes: el cantante, sex symbol, Adam Levine, líder del famoso grupo Maroon 5, quien, aparentemente, tiene todo su cuerpo tatuado; David Beckham, exfutbolista de talla mundial; el actor de Hollywood, Jason Momoa —Aquaman—, posee uno de los torsos musculados más tatuados del medio; y entre las mujeres, ya que ellas también se tatúan, Angelina Jolie es la más significativa.

El tatuaje que es, prácticamente, una moda que no desaparece, no es un arte reciente; de hecho, sus orígenes son tan frecuentes en el pasado más remoto del hombre, ya que muchas culturas lo utilizaban y usan como parte de su identidad. Los maoríes de Nueva Zelanda utilizan el tatuaje como símbolo de sus clanes y van asociados al camino que el ser recorre en la vida, son personalizados y el sacerdote de la tribu era quien lo hacía directamente sobre la piel, con un sistema milenario autóctono y muy doloroso. Cuando James Cook llegó a la Polinesia y vio a los nativos con estos diseños sobre la piel, dice la historia que parecía que usaban algún tipo de vestido de encaje y tejido, así de perfectos e intrincados debieron lucir en el cuerpo para causar ese efecto visual.

Los hindúes, también tatúan su cuerpo; si bien es una tradición milenaria, al igual que los maoríes, responden, en este caso, a factores religiosos y místicos o están sujetos a las festividades de su cultura, siendo parte de toda la parafernalia que los rodea; en algunos casos, pueden ser permanentes o pasajeros, este último utiliza la henna; sobre todo, las mujeres, en su matrimonio, decoran su cuerpo, ya que significa con sus variados diseños la prosperidad, felicidad y armonía, llamados mehndi. Por su parte, en los egipcios, el uso del tatuaje iba ligado a poseer un amuleto contra las enfermedades, peligros y el mal de ojo, teniendo implicaciones mágicas en el sujeto que lo usaba. Faraones y obreros no se escapan de su uso.

La verdad es que esta práctica es tan común que la vemos en todo el mundo y podría afirmar que es más cuestión de gustos estéticos y no motivos transcendentales. También, es cierto que, quien se somete a este proceso quirúrgico, porque de hecho lo es, debe estar consciente de los peligros, sobre todo, porque es un elemento decorativo, que llevará para siempre en su cuerpo y el tiempo en la piel deja su huella; por tanto, ¿qué tan estético será a futuro? Los años lo dirán.

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