domingo, mayo 19, 2024
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CUIDA TU FELICIDAD Y MULTIPLICA TUS VENTAS: CREA PROSPERIDAD ECONÓMICA A TRAVÉS DEL BIENESTAR INTEGRAL

POR: ANA MARÍA PELÁEZ

Durante años me pregunté, ¿qué era la felicidad? En esos momentos, pensaba que la lograría el día que me graduara, consiguiera el esposo perfecto, trabajo o la casa de mis sueños, y apenas alcanzaba uno de estos logros, enseguida me proponía otro; pensando así, me pasé la mitad de la vida. Un buen día, decidí cambiar, entender qué era eso de la felicidad; definitivamente, tenía que dejar de ser un destino y convertirse en un camino que recorrería diariamente; además, ser feliz, solo debería depender de mis decisiones y hábitos. Mis hábitos convertidos en principios a los que llamé: ‘A.C.E.P.T.A.’, mi fórmula de la felicidad.

AGRADECIMIENTO: las personas agradecidas valoran inmensamente lo que tienen, en lugar de quejarse por lo que les hace falta.

CORRECTAS DECISIONES: nadie es exitoso si no se ha equivocado; asimismo, aprendí a hacerme responsable de todo lo que me pasa, pasó o pasará.

ENTORNO SALUDABLE: escoge bien las personas con las que vas a convivir, aléjate de los que restan y dividen, prefiere aquellos que suman y multiplican.

PROPÓSITO: priorizar aquello que le da sentido a tu vida.

TIEMPO PARA MÍ: este fue el hábito más difícil de implementar en mi vida, ya que siempre ponía por delante de mí a los que amo; sin embargo, aprendí a dedicar tiempo para orar, meditar, pintar mándalas, hacer más de lo que me gusta. 

Por último, AMOR,sirviendo a los demás.

Ya tenía la fórmula, pero había un tema que me preocupaba, cómo aplicar la felicidad a lo que, por 28 años, había sido parte de mi vida: las ventas, un mundo donde las personas son muy infelices, lo cual afecta notablemente su productividad. Según la encuesta realizada por la consultora Gallup, entre 2011 y 2012, solo el 13% de las personas son felices en su trabajo; esto, me llevó a hacerme varias preguntas: ¿Realmente era feliz en mi trabajo? ¿Tenía las herramientas o la actitud que necesitaba para ser exitosa? ¿Por qué si tengo todo lo anterior no facturo más? Entendí que, si bien a todos nos gusta comprar, a nadie le gusta que le vendan, pues la palabra ventas se asocia en un 70% con una experiencia desagradable para el comprador; además, hoy tenemos un cliente muy informado, con miles de opciones. Me puse a investigar por qué mis asesores no tenían mejores resultados y descubrí los 7 pecados más relevantes que cometemos al vender, incentivándome a enfocar toda mi energía en buscar, con herramientas de la felicidad, una solución a cada uno de ellos.

1. VENDER Y NO ENAMORAR AL CLIENTE. Obsesión por la venta y el resultado como cuando vamos a citas amorosas: nos alistamos e investigamos muy bien quién es el posible cliente; recuerda que solo tienes una oportunidad de causar buena impresión: sé respetuoso, amable, seguro, breve y, desde el primer día, apréndete su nombre; enfócate en la conquista para que la relación sea duradera.

2. NO GENERAR CONFIANZA. Si tú no crees en lo que estás haciendo, el cliente menos. De la confianza que tengas, dependerá que el cliente compre o no. Debes estar muy seguro del producto, tus miedos y cómo los vas a manejar, cada NO debe convertirse en un SÍ, para eso hay técnicas; también, puedes usar tus ‘superpoderes’: foco, claridad, planeación, acción, disciplina, diferenciación y creatividad.

3. NO SER EXPERTO. Prepárate bien, conoce el mercado, la competencia, los beneficios del producto, investiga cuál es el entorno de tu cliente y el uso que le dará a lo que estás vendiendo. Ten un blog o redes sociales, donde generes contenido de valor, eso te posicionará como experto. Antes de vender un artículo, debes venderte tú.

4. NO EMOCIONAR.Sorprende, que las personas más allá de realizar una transacción comercial, tengan una experiencia. Cuenta historias que los conecten, crea sintonía y, sobre todo, diviértete, que se te note el entusiasmo y puedas contagiarlo.

5.  NO GENERAR UN GANA-GANA. La persona necesita sentir que está haciendo un buen negocio y debe haber un equilibrio para que el asesor también tenga su ganancia. Ser muy honesto y saber hasta dónde te puedes comprometer, aquí es donde se caen la mayoría de los negocios; ofrece alternativas, el todo o nada, en el mundo de hoy está revaluado, porque ancla inmediatamente la negociación.

6. NO RESOLVER UNA NECESIDAD. No descubrir cuál es su dolor. El secreto es escuchar más y hablar menos: qué lo motiva, estar muy atento, por qué está comprando, ojo con la postura, que conecte y usa palabras de refuerzo.

7. NO CIERRES VENTAS. Abre negocios, genera relaciones, vínculos, tendrás muchas oportunidades de capitalizar esa amistad y recuerda que un cliente feliz es para toda la vida.

Todos estamos vendiendo: el médico para que el paciente se tome la medicina, el padre para que el niño recoja el juguete o el asesor para que el cliente obtenga su servicio. El lema que más escucho últimamente: “Vender sin vender”, no lo entiendo mucho, porque cuando voy a visitar un cliente, me preparo para vender.  No le tengas temor a las ventas, más bien siéntete orgulloso de que solucionas problemas, véndele al ser humano que está allí, acompáñalo, hazlo vivir un momento agradable; asesóralo en su recorrido, desde su perspectiva, no desde tu necesidad. Conviértete en un asesor V.A.M —valiente, asertivo y que se mueve constantemente—, ese al que todos le quieran comprar.

Pasarás en promedio 10.000 días en el trabajo a lo largo de la vida, procura que esa labor sea parte de tu realización y propósito. Estoy convencida que la felicidad y productividad van de la mano, por eso, cree en ti, fortalece tus dones, talentos, conviértete en esa persona que todos quieren tener cerca, ve por tus sueños y verás que tu vida y la de quienes te rodean cambiará; si estás bien contigo mismo, tendrás resultados extraordinarios y con seguridad serás más productivo. No te olvides que la felicidad se nota.

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