Por: Javier Mazeneth

Según el Informe Mundial de la Juventud de la ONU —Organización de las Naciones Unidas—, “en la actualidad, hay 1.200 millones de jóvenes de 15 a 24 años, que representan el 16% de la población mundial”; y satisfacer sus necesidades será un gran desafío, pero a la vez una excelente oportunidad.

Casi a diario podemos observar lo que ocurre alrededor de los jóvenes: cómo ellos proponen con más recurrencia nuevas ideas o iniciativas de cualquier tipo —social, político, tecnológico— y todo aquello que les apasiona, con el fin de plantear cambios en la sociedad. Solo imaginemos el gran potencial que poseen y la manera en que ello se traduce a diferentes inventos, avances en medios de transporte, diversas formas de comunicarnos, economías sustentables o amigables con el medio ambiente e, inclusive, la paz mundial.

Actualmente, al escuchar a muchos de estos, es muy fácil darse cuenta que la gran mayoría tienen sueños y expectativas increíbles para sus vidas, pero también es posible notar que sienten temor al enfrentarse diariamente a tantas de las crisis que hoy presenta nuestro convulsionado planeta —educativas, demográficas, violencia y principalmente de empleo—. Todas estas dificultades son urgentes y deben abordarse ahora, pues la preocupación de nuestros jóvenes así lo indica, porque quizás no puedan tener acceso a una educación de calidad y ¡Tienen razón!

De acuerdo con datos de Unicef  —El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia—, alrededor de 300 millones de niños en el mundo hoy no asisten a una escuela, y quienes lo hacen consideran que no están adquiriendo el conocimiento y las habilidades necesarias. Esta misma organización revela que de cada 10 niños, actualmente 6 no logran alcanzar los estándares mínimos, es decir, desarrollar las competencias en básicos como las matemáticas y la lectura. Ante lo anterior, ningún país del planeta podrá ser exitoso en sus modelos de instrucción, si a gran parte de la juventud no se le garantiza calidad en el proceso de formación.

Hoy es común ver jóvenes abandonar sus estudios, porque se están dando cuenta que las habilidades y destrezas necesarias para ganarse la vida, mediante la educación recibida no se les está asegurando; esto además de prender las alarmas, debe suponer para cada país un gran desafío en materia de políticas, estrategias y procesos que permitan dar un vuelco completo al modelo educativo de las naciones.

Otro aspecto que preocupa mucho a la juventud es la dificultad para acceder a una vacante, y más allá de ello, a un empleo de calidad; pues, mes a mes, diez millones de jóvenes en el mundo alcanzan la edad laboral, y para nadie es un tabú que la competencia en este mercado es muy feroz. En la actualidad, muchos con capacidades y gran potencial ven truncadas sus ideas y aspiraciones porque no tienen la posibilidad de encontrar el espacio para desarrollarlas dada a la alta escasez; de lo anterior, nos queda la siguiente duda, ¿cómo pueden entonces los jóvenes construir futuro?

Este panorama sombrío aumenta cuando vemos que el mundo cambia a gran velocidad, las exigencias del mercado incrementan: economías mayormente complejas y demandantes de conocimiento especializado, su elaboración más digital e inteligente —Industria 4.0—, y todavía muchos jóvenes viven en el campo o comunidades rurales; ellos quieren aprender habilidades del futuro para trabajos a largo plazo, comprender nuevas tecnologías como el Internet de las cosas —IoT—, blockchain, impresión en 3D, manufactura inteligente, cloud computing —computación en la nube—, entre muchas otras para desarrollar ideas innovadoras e inclusive crear negocios propios.

Los jóvenes también se preocupan por la violencia, ya que la observan en casa, Internet, redes sociales o en las escuelas con el bullying; además, en diversos casos la viven en sus propias comunidades, esto sin contar que muchos son sometidos a abusos y explotación incesante.

Unicef, de la mano de muchos socios públicos y privados, ha sido una de las organizaciones que a nivel mundial ha abanderado iniciativas en pro de contribuir a la mitigación de esta gran problemática; para ello ha lanzado una iniciativa global, a la que los mismos jóvenes le han llamado Generación sin límites —en el siguiente enlace puede consultar la página mencionada www.unicef.org/es/unicef-y-los-jovenes—; allí, aseguran a viva voz que es su momento, reafirmando objetivos claros y concretos, pues quieren ver a todos aprendiendo y capacitándose, con el fin de desarrollar habilidades y competencias acordes a los nuevos desafíos propuestos para el año 2030.

Este objetivo es urgente, necesario y ambicioso, pero también deberá ser menos idealista y más realizable, mediante la convocatoria de soluciones innovadoras que permitan a los jóvenes luchar por su futuro, lo cual dependerá en gran medida del esfuerzo conjunto de muchas partes: comunidades, ONG —Organización no Gubernamental—, gobiernos, el ámbito académico y, por supuesto, la misma juventud transformadora.

Generación sin límites es una plataforma abierta que busca co-crear y co-diseñar, además de pretender llegar a millones de personas para que puedan compartir ideas, aportando soluciones acerca de lo que no funciona y podría marchar en la mitigación de estas problemáticas que hoy afrontan las nuevas generaciones; con el fin de entender sus necesidades, impulsar las potencialidades, ser una iniciativa que permita romper barreras, cambiar paradigmas frente a los nuevos desafíos en materia educacional y generar oportunidades para construir un mejor futuro.

Esto es solo el comienzo, pues se deberán buscar alternativas o estrategias que permitan llevar esta iniciativa a muchos lugares alrededor del mundo, por muy remotos que puedan estar; es un gran sueño y enorme reto, pero dependerá de todos, ya que el desafío de las nuevas generaciones también debería ser el nuestro. El momento es ahora y la necesidad es urgente, recuerden que más de 1.000 millones de jóvenes están esperando.

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