EDITADO POR ENFOQUE CARIBE

Carla Ludueña Francetic es una mujer de 27 años, nacida en Córdoba —Argentina—, que aproximadamente a los 23 fue diagnosticada con celiaquía. A partir del 2013 empezó a presentar inflamación en la parte baja de su vientre y con el tiempo otros síntomas se hicieron visibles. Transcurridos dos años, comenzaron a hacerle estudios más profundos para determinar el padecimiento; empero, su estado de ánimo estaba viéndose afectado, llegando a pensar que era bulímica, pues vomitaba todo lo que consumía; hasta que un día el doctor le indicó que comiera sin gluten. Muchas preparaciones típicas contienen esta proteína, por lo cual sufrió un gran shock al dejar de ingerir estos productos, razón que la llevó a buscar el acompañamiento de un psicólogo. Además, posee una fuerte alergia al trigo, que resultaba en asfixia cuando se encontraba cerca a este cereal; añadido a esto, presentaba dolencias en el cuerpo, fiebre en las extremidades y se levantaba con resaca, a pesar de no haber consumido alcohol. Actualmente se ha adaptado al régimen, ya que aprendió a elaborar recetas sin gluten; igualmente, ha realizado talleres, conferencias y maneja la cuenta de Instagram @celiacos_felices, donde brinda tips para las personas con esta condición.

La celiaquía es una patología del sistema inmunológico en la que existe intolerancia hacia el gluten —proteína formada por gliadina y glutenina— presente en ingredientes naturales como: trigo, cebada, centeno, escanda, triticale, farro, espelta verde, bulgur y kamut. Esto no quiere decir que otros productos no contengan este compuesto, pues los lácteos, sopas, salsas comerciales, especias molidas, levaduras químicas, frutas deshidratadas y embutidos, también poseen dicha sustancia, por lo que debe estar alerta y leer las etiquetas. La patología es genética y el médico Juan Carlos Visbal, especialista en endoscopia digestiva, expresa que “un 30% de la población general tiene esos genes, pero de ese porcentaje solo una persona va a desarrollar la enfermedad”. Se presenta en el intestino delgado con la inflamación y destrucción de las vellosidades fundamentales para la absorción de nutrientes; sin embargo, puede controlarse llevando una dieta libre de esta proteína. Para su detección, primero se necesita un análisis de anticuerpos específicos en sangre, cuya función es determinar el riesgo y realizar la biopsia endoscópica que confirme el diagnóstico.   

Cabe destacar que el aparato digestivo no es el único que puede verse perjudicado, pues el médico Visbal plantea que también se generan otros padecimientos autoinmunes, como la enfermedad de Addison, cirrosis biliar primaria o diabetes; incluyendo el síndrome de Sjögren, donde se disminuye la secreción de sustancias en las glándulas exocrinas, causando resequedad en la boca, cerebro, piel, ojos, genitales, pulmones y demás. Especialmente, la tiroides podría ser lesionada, ya que existe la probabilidad que esta sea confundida por el sistema inmune, alterando su funcionamiento y desencadenando hipotiroidismo —ausencia en la producción de hormonas necesarias— o hipertiroidismo —exceso de tiroxina—. Entre otros trastornos, en el hígado se desarrolla la hipertransaminasemia, relacionada con el grado elevado de las enzimas transaminasas, ocasionando hinchazón aguda o crónica en dicho órgano; de igual forma, a raíz de la mala absorción de nutrientes, los huesos son afectados, provocando osteoporosis.

Las señales referentes a la celiaquía pueden variar según el individuo, como explica el especialista: “En niños, se encuentran lesiones en el esmalte de los dientes, trastornos en la pubertad, retraso en el crecimiento y el desarrollo del menor, baja estatura, cambios en el estado de ánimo y bajo peso”. Además, tiende a manifestarse de otras formas que a simple vista parecen no guardar relación con esta intolerancia alimenticia, impidiendo que se detecte de manera inmediata la patología. Por su parte, entre los principales síntomas exteriorizados por los adultos se especifican: fatiga, anemia, llagas bucales, diarrea, distensión abdominal —hinchazón del vientre—, dolor en las articulaciones y huesos, artritis; desequilibrios emocionales, por ejemplo, ansiedad o depresión; inestabilidad hormonal, representada en periodos menstruales irregulares; infertilidad o abortos recurrentes, mareos, convulsiones, migrañas, neuropatía periférica —hormigueo, entumecimiento o dolencia en manos y pies—; dermatitis herpetiforme, es decir, lesiones en la dermis que causan picazón, presentando ampollas, irritación y erosiones.

TIPOS DE CELIAQUÍA

ASINTOMÁTICA. “Es una enfermedad en donde los pacientes se les sospecha celiaquía, pero al hacer las biopsias no encuentran la patología, diagnosticándose tardíamente”, declara el médico. Las personas que sufren esta tipología no manifiestan signos externos; sin embargo, sus vellosidades intestinales se están viendo afectadas, presentando daños en dichas estructuras. Además, al carecer de sintomatología, no realizan la dieta adecuada o ingieren alimentos con gluten.  

SINTOMÁTICA. A pesar de exteriorizar vómito y diarrea, actualmente se presentan en mayor medida otras manifestaciones por fuera del sistema digestivo, por ejemplo, problemas en la dermis. Considerada la más común, reconociéndose por exámenes genéticos o el daño hallado en las vellosidades intestinales. Normalmente, es diagnosticada en la niñez, ya que presentan inconvenientes en el crecimiento, dermatitis atópica —sarpullido escamoso y rojo—, alopecia o bronquitis.  

POTENCIAL. El afectado posee anticuerpos en su sangre, pero la mucosa intestinal presenta ausencia de daño; empero, con el paso del tiempo, si no adopta la dieta adecuada podría desarrollar afectación en dichos órganos. Visbal explica que “se puede confundir con otras enfermedades gastrointestinales como la dispepsia, colon e intestino irritable”. Generalmente, se diagnostica a individuos que tienen padecimientos autoinmunes, por ejemplo, diabetes tipo 1, síndrome de Down o Turner.

LATENTE. Según el portal web Celicidad.net, esta celiaquía es difícil de detectar y presenta dos vertientes: subtipo A, correspondiente a aquellas personas que fueron diagnosticadas en la niñez, pero luego se recuperaron gracias a la dieta y con el tiempo permanecen en una etapa asintomática, llevando una alimentación normal; por otro lado, el B son pacientes que no presentan ningún daño aparente; sin embargo, podrían padecerla en un futuro.

REFRACTARIA. Normalmente, se presenta en individuos diagnosticados después de los 50 años; en dichos casos, a pesar de seguir el régimen alimenticio, continúan exteriorizando daños en el intestino. Posee una variación tipo I y II: la primera es la manifestación ligera, mientras que en la segunda deben someterse a medicamentos antiinflamatorios y están vulnerables a presentar linfoma —cáncer que afecta al sistema inmunitario—.

 

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