OPINION PR

Por:Javier Mazeneth  

Cuando comencé a escribir este artículo rondaban muchas cosas por mi cabeza. Deteniéndome a reflexionar un poco y analizar con algo de calma, quiero compartirles algunas opiniones personales frente a lo que fue el 2018 y lo que se avecina para el 2019, pues son tantas experiencias a las que nos vemos expuestos en la cotidianidad, que quizá no llegamos a comprender la increíble capacidad que tenemos para adaptarnos rápidamente a los cambios agresivos, atípicos y demasiado rápidos impuestos por nuestro entorno. Causa cierto estupor saber que cada día al levantarnos han sucedido múltiples hechos en este mundo convulsionado y agonizante, que por la velocidad a la cual se desarrollan, en muchas ocasiones, ni siquiera alcanzamos a darnos cuenta; pudiendo llegar a tener esto un impacto directo sobre nuestras vidas.

En muchos hogares, como tradición familiar, es común recibir el año cargado de nuevos retos, propósitos y anhelos personales; inclusive, en algunos casos, muchas personas con gran diligencia llegan a registrar un plan, definiendo los proyectos y aquellos aspectos que para el momento consideran de mayor relevancia en su vida: ‘Bajaré de peso’, ‘voy a estudiar’, ‘conseguiré un mejor empleo’, ‘me compraré una casa o un auto nuevo’, ‘viajaré por el mundo’, entre otras muchas cosas. Lo cual no es malo, pero ¿Qué tanto le apuntamos a ese otro tipo de metas no tan tangibles?; por ejemplo, trabajar más el aspecto espiritual —no hablo de experimentar alguna religión particularmente, sino cómo encontramos la paz y armonía en nuestro ser a través de esa conexión interna con el ‘yo’— o tal vez reflexionar sobre cuál sería la forma más adecuada para convertirnos en mejores individuos por medio de acciones que aporten al desarrollo de nuestra sociedad. La filantropía podría ser una buena opción u otra reflexión podría ser definir a título personal, qué acciones o prácticas podríamos promover para el sostenimiento del medio ambiente. Actualmente, a este último modelo de iniciativas no se les apunta mucho, por ello, considero que es un buen momento para comenzar a tenerlo presente y al momento de revisar los avances darte cuenta que lo único que cumpliste en 365 días fueron ‘años’.

Volviendo un poco a la primera idea de este artículo, en este 2018 han pasado tantas cosas que uno queda perplejo al ver la capacidad de resiliencia que ha desarrollado el mundo y su sociedad: fenómenos naturales como los tornados o tsunamis ocurridos en Estados Unidos, el Caribe e Indonesia, los cuales arrasaron poblaciones enteras y dejaron desolación a su paso, están a la orden del día; inclusive, ya se habla de que el 2030 es la fecha límite para evitar una catástrofe ambiental a nivel mundial, según el artículo publicado por la BBC News y tomado de estudios realizados por la ONU —Organización de las Naciones Unidas—. Del mismo modo, grandes diásporas de migrantes deambulan por América Central y del Sur en busca de mejores oportunidades, sin que se tenga una posible solución a corto o mediano plazo. En cuanto a lo tecnológico, situaciones impensables años atrás, como lanzar un auto a los confines de la galaxia para ensayar una tecnología en cohetes de descenso vertical que plantean ser una potencial alternativa en la conquista de marte, o ver en el tema medioambiental cómo Estados Unidos —primera potencia mundial— hoy, bajo el mandato de su presidente, se desligan de cualquier iniciativa en pro de contribuir al sostenimiento del planeta; plantean la siguiente reflexión: ¿Qué tan preparados estamos para afrontar estos nuevos desafíos que se le avecinan a la humanidad?

OP 1

Es claro y seguro que el planeta seguirá su curso y cada día traerá su propio afán, podríamos decir que muchas de las cosas que hoy nos aterran, mañana quizás pasarán desapercibidas y serán un vago recuerdo; lo grave y más crítico respecto a muchos aspectos que perfilan y marcan un precedente en nuestra forma de vivir e interactuar, llámese medio ambiente, política, derechos humanos, economía, acceso al agua y alimentos; según mi punto de vista, es que al contrario de ir evolucionando, creo que involucionamos a pasos agigantados, acercándonos posiblemente al caos total, mucho más rápido de lo esperado.

Llega el 2019, y de la manera cómo nos preparemos para seguir firmes en las convicciones que propendan por el bienestar general y no del particular, dependerá el éxito de las acciones. Tenemos un gran reto con nuestras futuras generaciones, ya que estas poseen un inmenso abanico de posibilidades para absorber grandes cantidades de información que de no estar bien orientada, no ayudará al correcto desarrollo de personas que puedan aportar al progreso de su sociedad. Además, el entorno impone un sinnúmero de estereotipos que pueden llegar a influir en el libre albedrío de los nuevos habitantes del mundo; actualmente, escasean en la sociedad muchos de los valores con los que fuimos levantados las generaciones ‘X’ y ‘Y’, con una aplicabilidad casi nula. La dinámica que mueve al planeta no deja tiempo ni espacio para que los menores puedan tomar decisiones por sí mismos, apelando a su objetividad y capacidad de raciocinio, ya mucho de lo vital se volvió trivial y las tendencias del momento imponen o forman los métodos de interacción y desarrollo.

Convertir estos nuevos desafíos en oportunidades es nuestro gran reto, se necesita atacar los antivalores y promover sociedades más cohesionadas y claras en su forma de contribuir al desarrollo sostenible de las naciones. Aun así, gracias al 2018 por todo lo que nos permitió aprender y bienvenido 2019 por todos los retos venideros que afrontaremos para seguir creciendo como individuos de bien.

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