PSICOSIS P

EDITADO POR ENFOQUE CARIBE

Sally Wilson es profesora universitaria en Gales —Reino Unido— y, según información suministrada a la BBC —portal de noticias—, luego de su complicado alumbramiento sufrió psicosis puerperal. Tras presentar síntomas de preeclampsia, los médicos tuvieron que inducir el parto, ya que la vida del bebé estaba en riesgo; para ello, le suministraron hormonas, óxido de nitrógeno y petidina —medicamento para el dolor—. En última instancia, tuvo que ser sometida a cesárea y su claridad mental se desvaneció, sumiéndose en una absoluta confusión donde experimentó ataques de pánico, irritabilidad y paranoia; días después se desplomó en el baño, convencida de que la niña estaba muerta, pues al ver que una enfermera se la llevaba, pensó que ella misma le había hecho daño. Sally fue traslada a la unidad psiquiátrica y permaneció allí por un tiempo, para luego ser enviada a casa; sin embargo, no mostraba ninguna mejoría, ya que empezó a experimentar depresión junto a indicios psicóticos. Diez meses más tarde, ya no toleraba el malestar, por lo que decidió buscar ayuda y someterse a terapia electroconvulsiva, lo cual fue de mucha ayuda, puesto que sin haber terminado el tratamiento de 10 sesiones, logró establecer lazos maternales con su hija.   

Las mujeres que se encuentran en estado de embarazo tienden a sufrir diferentes cambios en su organismo que pueden desencadenar reacciones adversas, inclusive luego de dar a luz. En este sentido, adquieren una vulnerabilidad a desarrollar desequilibrios emocionales que podrían perjudicar el transcurso normal de su vida; entre ellos se encuentra la psicosis posparto, cuadro psicótico que, según el portal web especializado Psicología y Mente, afecta a 1 de cada 1000 féminas durante las primeras semanas después del parto, afligiendo en mayor medida a las madres primerizas; en esta, el contacto con la realidad es interrumpido, presentando un episodio afectivo con manifestaciones psicóticas. La condición fue reseñada en 1797 por el obstetra alemán Friedrich Benjamin Osiander; sin embargo, no está incluida dentro del DSM —Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales—, por lo que es clasificada como un trastorno psicótico no especificado o trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio —periodo de recuperación posterior al alumbramiento—.

PSICOSIS 1

Múltiples causas contribuyen a su manifestación, por lo cual no hay una razón determinada que explique la aparición de esta crisis. A pesar de ello, se reconocen factores de riesgo que pueden desencadenarla: “Enfermedades como esquizofrenia, trastorno bipolar o de la tiroides. Otra condición es que en la familia ya se haya evidenciado la problemática y, por último, que la madre durante el embarazo haya presentado una actitud negativa, desafiante y depresiva”, establece la psicóloga Francy Caviedes. Igualmente, desarrollar complicaciones en el proceso de gestación, el parto o después de este, y haber sufrido alguna vez la alteración en embarazos anteriores, advirtiendo que en esta última existe la posibilidad de repetición del 50 al 60%, según la especialista Erica Medina Serdán. Entre los principales síntomas que registra la psicosis posparto están: transiciones entre la agitación y estupor, cambios afectivos de euforia y ansiedad, hasta llegar a la depresión; transformaciones en el pensamiento y lenguaje, perturbación en la percepción del tiempo, insomnio, pérdida del contacto con la realidad, hostilidad e irritabilidad. Además, en casos extremos se llegan a realizar acciones que ponen en peligro su vida o la del niño.    

Recientemente, la cantante Adele publicó en su cuenta de Instagram un mensaje donde daba a conocer la condición y expresaba que una amiga muy cercana —Laura Dockrill— la padeció; asimismo, compartió el enlace en el que se podía leer la historia completa de Dockrill, quien a través de la página web ‘Mother of all lists’, relató en detalle cómo fue la experiencia. Las principales manifestaciones que la aquejaron fueron: manía, cambios de humor, insomnio, delirio, paranoia, ansiedad, pensamientos suicidas y depresión severa con señales de psicosis. Su trabajo de parto fue difícil, pues terminaron realizándole una cesárea y el bebé nació bajo de peso, ya que la placenta había fallado evitando que obtuviera alimento. Al llegar a casa los síntomas empezaron a evidenciarse, por lo que tuvo que ser hospitalizada durante dos semanas, tiempo en el que olvidaba fragmentos de su vida. Gracias a la psicoterapia, medicamentos y los familiares que la apoyaron, logró salir de la bruma mental en la que se encontraba.   

PSICOSIS 2

La psicosis es la más grave entre aquellas enfermedades que podrían perturbar a las féminas luego del embarazo. En el marco de los padecimientos mentales se reconocen otros dos tipos que afectan en distinto grado y forma a la mujer: tristeza posparto, la cual se puede dar a raíz de las transformaciones físicas y emocionales, desencadenando sentimientos de desánimo y melancolía; asimismo, “los cambios hormonales pueden generar preocupación, nerviosismo, angustia y ansiedad por el desempeño en el nuevo rol de madre. Si esta aparece, tiende hacerlo entre el segundo o tercer día posterior al parto y dura dos semanas”, determina Caviedes. En el caso de la depresión posparto, “se presenta porque las hormonas del estrógeno y la progesterona bajan sus niveles rápidamente, generando alteraciones cerebrales que podrían provocar sensaciones de vacío, llanto frecuente y exagerado sin motivo aparente”, agrega la experta.

Esta perturbación de la mente perjudica la conducta y relación del afectado con su entorno. A razón de esto, se lleva a cabo la psicoeducación, alternativa que ayuda a comprender y lidiar con la situación; de igual forma, se prescriben medicamentos antidepresivos, antipsicóticos y estabilizadores del ánimo: “Una vez que los síntomas psicóticos han empezado a disminuir, se aplica psicoterapia psicosocial para lograr identificar y reducir todos los factores estresantes y minimizar las posibles crisis”, detalla la especialista. Finalmente, la terapia electroconvulsiva es considerada como opción cuando los otros métodos no surten efecto, ya que “se realiza mediante la electricidad, el uso de unos relajantes musculares y anestésicos, oxigenación y monitoreo permanente. El objetivo es activar unas neuronas del sistema nervioso central, enviando impulsos eléctricos constantes al cerebro que causan convulsiones breves; puede durar entre treinta segundos a un minuto”, expone la psicóloga. A pesar de las creencias comunes, el uso de anestésicos hace menos traumático este tratamiento, y como lo explica Caviedes: “La efectividad puede llegar a un 80% de resolución en las indicaciones de patologías urgentes donde hay ideas suicidas”.

 

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