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EDITADO POR ENFOQUE CARIBE

Los museos siempre se han caracterizado por ser el epicentro donde las personas logran conocer los hechos relevantes que han permitido construir la historia del mundo. Por esta razón, el incendio ocurrido la noche del 2 de septiembre en el Museo Nacional de Brasil, ubicado en Río de Janeiro, es visto como una enorme tragedia con pérdidas irremplazables. Aquel domingo, las llamas se esparcieron alrededor de las 7:30 p.m. —hora local— y no pudieron ser apagadas hasta la madrugada del lunes, tras seis horas de esfuerzo por parte del cuerpo de bomberos. Las narraciones de medios locales indican que el fuego pudo empezar desde la zona superior del recinto e ir extendiéndose, lo cual les impidió a los cuatro vigilantes que se encontraban en su interior detectarlo a tiempo; cabe destacar que estos últimos alcanzaron a salir ilesos, manteniendo en cero el número de heridos a raíz del accidente.

Las causas principales del siniestro no han logrado ser comprobadas, por lo cual se manejaron dos hipótesis: en primera instancia, consideraban que un pequeño globo aerostático pudo ser la fuente originaria, dado que estos artefactos son utilizados durante las fiestas ‘juninas’ —tradición realizada en algunas ciudades de Brasil— y se elevan gracias a una pequeña llama localizada en su interior; por otro lado, también existió la posibilidad de que el causante hubiese sido un cortocircuito generado en el laboratorio audiovisual. Los agentes encargados de apagar las llamas tuvieron una tarea bastante difícil, alegando que el material predominante en el sitio era la madera; además, contenía grandes cantidades de alcohol, utilizado para preservar las piezas y muchos escritos, que en conjunto causaron que el fuego se propagara rápidamente, retrasando la extinción del mismo.  

Tras el trágico accidente, no solo se culpa a las devastadoras llamas, ya que la destrucción del edificio ha provocado que se develen algunas falencias del Estado en su aporte para el mantenimiento de los lugares públicos del país, pues los trabajadores denunciaron años de abandono por parte de las autoridades encargadas. Lo anterior tomando en consideración que desde 2014 no se recibían los fondos necesarios para conservar en buenas condiciones el antiguo inmueble, el cual exteriorizaba paredes agrietadas, goteras, conexiones eléctricas a la vista y pintura caída. Luis Fernando Duarte, vicedirector de la instalación, resaltó la falta de apoyo y conciencia; destacando que llevaban varios periodos exigiendo al gobierno recibir el dinero que les correspondía —más de 128.000 dólares— para la preservación del lugar.

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El Museo Nacional de Brasil fue fundado en 1818 por el rey de Portugal Juan VI, y es reconocido como uno de los más grandes de América Latina. Anteriormente recibía el nombre de la ‘Casa de los Pájaros’, ya que en él se encontraban animales y plantas disecadas, primando las aves; posteriormente, se trasladó —1892— al expalacio imperial de San Cristóbal, en la Quinta da Boa Vista, ubicación en la que se mantiene actualmente. La importancia de este recinto se debe a la historia antropológica y natural que enmarcaban los 20 millones de artículos, aproximadamente, que resguardaba, junto a alrededor de 530 mil escrituras que reposaban en la biblioteca. El pasado mes de junio se cumplieron 200 años de su constitución, convirtiéndolo en el más antiguo del país, el cual también albergó a la familia real portuguesa y después al linaje imperial brasileño.

Entre el acervo del museo se planteaba que solo el 1% estaba en exhibición, por lo que las pérdidas trascienden más allá de lo que era observado. Principalmente, lamentan la destrucción del cráneo de Luzia, correspondiente al esqueleto con mayor antigüedad descubierto en América del Sur hace aproximadamente 12 mil años; 40 esqueletos de indígenas bocotudos ya extintos y que solo se hallaban en aquel lugar, restos de dinosaurios, incluyendo especímenes paleontológicos de plantas, invertebrados y otros animales provenientes de Brasil; la colección más grande de objetos egipcios en Latinoamérica, con una cantidad superior a las 700 piezas; artículos de la época precolombina y alrededor de 750 artefactos clásicos —griegos, romanos y etruscos—. No obstante, el meteorito de Bendegó, con 5.260 kilogramos, sobrevivió a las llamas.    

Luego de los sucesos, la comunidad se ha revelado contra el Estado, culpándolo del nefasto accidente, pues se dio a conocer que el recinto no poseía un seguro contra accidentes, ni brigada de bomberos, ya que el presupuesto no era suficiente para cubrir dichos gastos. Sin embargo, el panorama no es del todo desolador, gracias a que distintas organizaciones extranjeras han ofrecido donaciones, con el fin de reabastecer el sitio de colecciones; igualmente, el Estado hizo entrega de unos 2,4 millones de dólares para la reconstrucción. Por otro lado, Juan Henrique de Orleans y Braganza, descendiente del exemperador Pedro II de Brasil, lamentó lo sucedido y manifestó que prestará piezas de su colección privada para proveer nuevamente al Museo Nacional.

Definitivamente, lo acontecido en Brasil causa preocupación, pues tener conocimiento del pasado es fundamental para la sociedad humana, ya que permite reconstruir sus orígenes. Por tal motivo, a continuación se rememoran otros siniestros ocurridos alrededor del mundo, que han destruido artículos de gran valor material e inmaterial; por ejemplo, lo sucedido en el Museo Nacional de Historia Natural, situado en la capital de India, que durante el 2016 acabó con seis pisos del recinto y la misma cantidad de bomberos heridos; asimismo, el del Museo Americano de Barnum en New York, donde más allá de las pérdidas tangibles, dos ballenas murieron en sus tanques. Uno de los hechos más recientes tuvo lugar el pasado 9 de junio en el Museo de Historia de Aberdeen, ubicado en Washington Estados Unidos; en él, la exposición del fallecido líder de la agrupación Nirvana, Kurt Cobain, sufrió graves daños por el fuego.

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