CEREBRO EJECUTIVO P

Por: Germán Hennessey

El cerebro ejecutivo está situado en la parte delantera del cerebro humano, justo detrás de la frente; siendo el responsable de procesos cognitivos complejos, como memoria de trabajo, lenguaje, movimiento, planeación, originalidad y creatividad (Escuela con Cerebro, 2012). Entre las funciones encontramos la atención, inhibición de la impulsividad, flexibilidad cognitiva, memoria operativa y organización, además del componente activación. En talleres respecto a formación de liderazgo y dirección de equipos, ya sean en grupos o individuales, destaco tres funciones: la atención, inhibición y memoria operativa.

LA ATENCIÓN

Del cerebro ejecutivo aprendemos que requerimos enfocar de manera clara y precisa nuestra atención en lo concreto, relevante, importante y crítico; esto nos lleva a nuestros objetivos o metas.

  • Definir con claridad y precisión nuestras metas. Muchos planeamos sin precisar un objetivo específico y los detalles del resultado, es decir, más que metas, nos proponemos deseos y anhelos. Si una meta es precisa, medible y cuantificable, el cerebro nos indica que debemos concentrarnos en lo relevante. No es suficiente proponerse ser como alguien, pues debo determinar cuáles son las características que pretendo emular para fijar con atención mi energía y acciones; por ejemplo, si quiero conseguir un trabajo, requiero establecer las circunstancias de la vacante y condiciones de la empresa o del cargo.  

  • Enfocarnos en lo relevante. El cerebro nos pide que le indiquemos qué es lo relevante cuando tenemos muchas metas, es decir, ¿en qué debe enfocarse para actuar? Definir lo más significativo e importante es esencial, ya sea en cuanto a los objetivos o características de una actividad. Por ejemplo, si contratará a alguien, ¿cuáles serían esas tres competencias o cualidades significativas? Incluso, si pretende evitar seleccionar a una persona con ciertas particularidades negativas, también debe precisarlas, para que pueda descubrirlas y actuar con prevención. En este caso, el cerebro se coordina como un GPS: escribes la dirección exacta a la que deseas arribar, no le indicas ‘cerca a la plaza’ o ‘detrás del parque’, puntualizando calle y carrera; así, la aplicación lo llevará al destino seguro.

INHIBIR LO IRRELEVANTE

El cerebro ejecutivo nos pide evitar las distracciones, algo en lo que caemos con demasiada frecuencia; por ejemplo, al proponerme escribir este artículo, inhibir significa no escuchar música que me distraiga y motive a bailar o cantar; apagar el televisor, mantener lejos o en silencio el teléfono para eludir llamadas, dejar quieto el WhatsApp u otra red; concentrarme en la información para redactar durante el tiempo suficiente y así producir un texto adecuado. Puedes leer el artículo ‘Menos procrastinación, más productividad’, en esta misma sección de Enfoque Caribe—.

En relación a las metas, implica no caer en el juego de los múltiples objetivos o pequeños propósitos que nos distraen. Es como si estuvieras en un recorrido turístico para conocer un sitio y en cada parada te sales del grupo con el fin de recorrer la zona que te llamó la atención; si lo haces constantemente, al final te perderás la explicación relevante del guía. Por ello, define la finalidad y concéntrate en ella; nuevos objetivos diferentes, en campos diversos, suelen ser una distracción para el cerebro y un gasto de energía que deja sin fuerzas para lo importante.  

Aun cuando tengas varias responsabilidades simultáneas, inhibir indica que debemos priorizar tareas y actividades para concentrarnos en una y lograrla; luego, pasar a la siguiente, es decir, enfocarnos en lo importante y no permitir que nos distraigan del camino.

cerebro

LA MEMORIA OPERATIVA

La función de la memoria operativa es guardar y buscar información relevante para razonar, reflexionar, decidir y realizar acciones. Por lo tanto, nos permite conectar datos existentes en nuestro cerebro con algo que estamos leyendo; por ejemplo, conservar referencias temporales mientras hacemos una tarea para ejecutar una labor posterior enmarcada en la misma actividad, o relacionar alguna clave en el entorno, campo de estudio o de la decisión que debemos tomar para ejecutar mejor determinada acción.

Necesitamos acceder a muchas nociones nuevas, oportunas y pertinentes para tomar decisiones, aprender y actuar mejor, es lo que nos dice el cerebro ejecutivo. Si dicho órgano no tiene información, ¿cómo puede reflexionar para decidir bien? ¿De qué manera sabrá si una actividad es la adecuada para lograr el resultado esperado, si no la alimentamos de conocimiento? Por eso, tres consejos:

  • Retroalimentar. Si estás en una actividad, es valioso que tengas puntos de control para evaluar de manera periódica las acciones y los resultados parciales. Puedes leer ‘PHVA: el método sencillo que le ayudará a mejorar cada día’ en la sección Negocios y Estilo. Cuando examinas de manera continua cómo vas, estás alimentando al cerebro de información, por lo que podrás corregir a tiempo y mejorar. Si eres jefe o líder de un equipo, retroalimentar a tu personal es ayudarles a enfocarse en lo pertinente y vital. Por tal motivo, cada semana es bueno reunirte con ellos para destacar lo bueno y apoyar con ideas que les faciliten hacerlo diferente.
  • Pedir información a otras personas. Otra forma de asumir la memoria operativa para llevarle nueva información al cerebro es consultar el punto de vista de los demás: ‘¿Tú qué opinas?’, ‘¿qué ideas tienes?’, ‘¿cómo me ves en el trabajo?’, ‘¿qué sugerencia podrías darme?’, son algunas de las expresiones que nos guían en esta tarea.
  • Estudiar y retarte a lo nuevo. Dedicarte a aprender durante unas horas cada semana sobre un tema de interés es una forma de alimentar al cerebro para que haga mejores conexiones. Retarte a hacerlo y pensarlo distinto, te brindará diversas perspectivas o enfoques, es decir, nuevos saberes para hacer nuevas relaciones.  
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