CREATIVIDAD E INNOVACIÓN P

Por: Giovanni De Piccoli

Actualmente, los términos creatividad e innovación se utilizan en todos los ámbitos de la producción humana; desde los estándares de la economía, industria, el diseño en sus múltiples disciplinas, la arquitectura, tecnología con todas las interesantes aplicaciones que son consecuencia de nuevos conocimientos—, hasta el arte; donde, naturalmente, no puedes escapar de ser valorado en medio de estos dos conceptos propios del siglo XX y de mayor uso en lo que se extiende el XXI, pues determinan qué tan único e irrepetible puede ser un producto o idea.

William J. Coyne definió estas expresiones de la siguiente manera: “La creatividad es pensar en ideas nuevas y apropiadas; mientras que, la innovación, es la aplicación con éxito de las ideas dentro de una organización”; en otras palabras, la primera es el concepto que se imagina y la segunda es el proceso o método que lleva a hacer posible la materialización de ese proyecto, produciendo algo totalmente revolucionario.

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Surge entonces la pregunta: ¿Cómo puede ser un sujeto creativo e innovador?, en mi experiencia —desde el diseño, arte y arquitectura—, la respuesta es: poseer talento. No soy de los que piensa que el talento es algo que se hace, sino que nace, y me atrevo a decir esto porque la definición de la palabra hace referencia a una  cualidad única que le permite a una persona sobresalir por sus habilidades en un ámbito específico de acción sin tanto esfuerzo; es innato, algo así como un don especial que se posee, evidenciando una notoriedad que lo hace superior a todos los demás; por lo tanto, resalta, independientemente de cual sea su labor. En ese orden de ideas, me remito al arte y específicamente a una obra universal conocida por todo el mundo, algunos de manera directa, otros por medio de una imagen en un libro o cualquier medio visual: El David de Michelangelo Buonarroti.

Esta magna escultura renacentista surge de la idea de ver la figura masculina de un rey bíblico desnudo en el momento en que nace el humanismo y se ubica al hombre en el centro del universo; pensamiento diferenciador para la época, contraponiéndose a las ideologías teogónicas del momento. Su imaginario del ser humano al natural quedó plasmado en un bloque de mármol blanco —esculpido a punta de cincel—, donde logró materializar a este atleta en la plenitud de su juventud, de cuerpo entero y con una altura mayor a los 5 metros. El ingenio que posee se verifica a través de una técnica manual sin igual: habilidad única que queda testimoniada en venas, músculos, tendones, tensión corporal y expresión teatral, pues parecen palpitar y da la impresión de ser una estatua viva, con mirada fuerte y penetrante, perdida en el horizonte con un claro sentido de libertad, y que tardó tres años en ser finalizada por un Miguel Ángel escultor con 29 años de edad, aproximadamente.

Desde mi punto de vista, su realización, más allá de la forma, está en las soluciones técnicas distintas que le permitieron, en una pieza de más de 5 toneladas de mármol, permanecer en total equilibrio y haber sido completamente tallada en un solo pedazo de este; evitando roturas, fragmentaciones y fisuras a lo largo del tiempo… Si esto no es talento, realmente no podría ser definido de otro modo. El David es un símbolo que enmarca el mundo del hombre, en donde combate, defiende, enfrenta y sale incólume de las dificultades y adversidades; permanece en pie, desafiante, pero también inocente, puro y frágil, porque está desnudo; por lo tanto, es vulnerable y propenso a ser herido y sufrir. ¿No es esta, acaso, nuestra naturaleza humana? El David representa, para mí, esa dualidad.

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Esta escultura es un paradigma que ha sido reinterpretado, referenciado, copiado e incluso parodiado, desde artistas como Hans-Peter Feldmann, Calvin Klein, que le puso los clásicos calzoncillos; Levi’s, sus ‘jeans’; la propuesta terrorista de Banksy y hasta la versión de Los Simpson en unos de sus miles de capítulos. De lo anterior, surgen los siguientes cuestionamientos: ¿Hay imaginación, entonces, en estos casos?, ¿es interesante rehacer un concepto y con tal maestría pretender imitarlo o ridiculizarlo? Lo cierto es que el ser humano tiende muchas veces a tergiversar un ideal ya consolidado de manera diferente; sin embargo, El David del artista colombiano Miguel Ángel Rojas, es realmente único, pues este maestro de las artes plásticas aborda problemáticas sociales, políticas y sobre todo humanas. En su construcción retoma la desnudez del cuerpo de un soldado mutilado a causa del conflicto armado en Colombia; y tal como lo hizo en otros tiempos Michelangelo, acoge las características físicas y formales de la obra original, aunque no adopta la propuesta de belleza idílica renacentista, sino la común y natural de un hombre del montón, pero que trasciende a su propia naturalidad, convirtiéndose en un símbolo único de los muchos soldados fuertes, aguerridos, con coraje, tesón patrio y, a su vez, olvidados, relegados y marginados por una sociedad que requiere de estos distintivos para reconocer en ellos la grandeza de un país que desea una paz duradera.

La aptitud es una herramienta que puede llevar a fundar ideas que no solo son formas, sino también signos y significantes que deben propender a la emoción y al sentimiento altruista. Lo novedoso podría transcender a una comunidad entera, y el cómo radica precisamente, en implementar un nuevo mensaje de manera que tenga eco en multitudes, para así dar a conocer algo realmente único e irrepetible: nuestra siempre maravillosa naturaleza humana.

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