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Por: Germán Hennessey

Como formador, uno de los cursos que mayor disfrute tiene para mí es aquel orientado a que las personas aprendan a realizar capacitaciones empresariales. Más allá de la ventaja corporativa de maximizar el conocimiento organizacional, apoyado en los propios empleados, el valor significativo es que cada uno descubra ¿de qué manera asimila el conocimiento?, ¿en qué se enfoca al hacerlo? y ¿cómo esto impacta su gestión personal?; sumado a que reflexionen acerca de la importancia de formarse continuamente, asumiendo cada momento como una oportunidad para conocer más acerca de las personas y de sí mismos, a partir del entorno no únicamente en los libros, es decir, de una idea informal; por ejemplo, a través de un vídeo en YouTube. Educarse es el paso para desarrollar, mejorar, innovar y transformar; debido a que, prepararse intelectualmente es parte integral de la naturaleza humana; de allí surgió el tema para esta edición, pues creo que se aprende para actuar y debemos actuar para aprender, porque el aprendizaje solo se presenta cuando tomas conciencia de tu propio ser: aquí y ahora.

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ESTILOS PARA APRENDER

David A. Kolb propuso cuatro momentos de aprendizaje, de los que se derivan estilos específicos sobre cómo conocemos que pueden resumirse en:

  • Elegir la alternativa de acción derivada de los conceptos: planea, diseña, programa, intenta, prueba y experimenta.
  • Haciendo: actúa, realiza, muestra, expresa, ilustra, ve, siente y escucha.
  • Reflexionando sobre la práctica al observar y analizar: describe, clasifica, ordena, categoriza, evalúa, combina y sintetiza.
  • Creando definiciones, modelos o teorías a partir de la reflexión sobre la experiencia: integra, teoriza, idea, anticipa, deduce, supone, pronostica y propone.

Si revisas cada uno, seguro te identificarás con dos de los expuestos; es decir, estarías determinando las características de tu estilo para aprender. Sin embargo, sería oportuno realizar un proceso integral e integrador, para así comprender que se consigue un mejor aprendizaje cuando se hace un viaje por todas las estaciones mencionadas.  

YO APRENDO DE MIS ERRORES

Cuando la persona acepta que el error es una oportunidad para formarse, avanza; ya que del tropiezo por sí solo no se aprende. ¿Cómo sabes que una decisión fue un desacierto? Por lo general puedes determinar que esa actividad o resolución no fue buena, pero ¿es posible precisar en qué consistió la equivocación?; es probable que te propongas no repetir la acción; sin embargo, ¿cómo evitas esa falla? ¿Cómo aprendes del error?, he aquí una respuesta: haciendo el viaje completo por los cuatro momentos. Si no haces una reflexión mesurada y serena de tus actos, no podrás determinar qué sucedió bueno o malo; si no defines una nueva forma de proceder a partir de tu reflexión, la probabilidad de cometer la misma falta aumenta; si no decides qué y cómo hacerlo de nuevo, para luego ejecutarlo como lo definiste, entonces no adquirirás la enseñanza de tu equivocación, sino que insistirás, una y otra vez, de la misma forma, con resultados iguales; o sea, tropezarás con la misma piedra.

‘YA LO SÉ’

Esa frase la escuchan casi a diario papá y mamá. Los hijos afirman con facilidad que ya saben algo, ya sea una lección de la escuela o una recomendación paterna. Sí, ya la entendieron, solo que no han hecho el recorrido por los cuatro momentos para realmente interiorizarla. Deben creer en el consejo, aceptarlo y elegir una alternativa de conducta a partir del mismo; luego, ponerlo en práctica y proceder a reflexionar sobre la consecuencia de la sugerencia o el efecto de sus comportamientos y propias ideas; finalizando con su versión del mismo. Entonces, habrán aprendido. Por eso, cuando los padres deciden la alternativa de acción por su hijo le quitan la oportunidad de razonar; en caso dado que ejecuten o lo acompañen para facilitarle las cosas, obstaculizan el entendimiento; si hacen las reflexiones a manera de recomendaciones, eliminan su capacidad de instrucción y cuando deciden qué debe hacer en el futuro, a partir de sus ideas, aniquilan la competencia para asimilar conceptos. Es similar a que nadie aprende en cabeza ajena, solo se aprende cuando se hace por sí mismo el viaje completo.

SIEMPRE SE PUEDE APRENDER

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Siempre se puede aprender, más no siempre se aprende. Como he sostenido, el viaje completo por los cuatro momentos impulsa el conocimiento, ya sea social, cultural, personal o educativo; cada día genera cosas nuevas, pensamientos diferentes y efectos diversos, dejando consigo novedades que podemos adoptar. Asumir que ‘ya me las sé todas’ es cerrarse a la oportunidad de cambiar, mejorar e innovar; colocarse en una posición de pedestal que impide, no solo la interacción enriquecedora, sino adquirir nuevos saberes. La capacidad humana de aprender es tal, que la mantenemos toda la vida; podemos hacerlo incluso poco antes de morir. Siendo una bella habilidad, lo aconsejable es usarla.

APRENDE PARA ACTUAR

Comprendí, hace años, que formarse es innovar y transformar; cuando aprendo, modifico mi entorno y realidad. Cada uno tiene la posibilidad de hacer su mundo diferente y mejor, retándose a nuevas o distintas ideas, opiniones y conocimientos. Es un acto de vida; por eso, actúa para aprender, porque al aprender actúas para vivir.

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