negocios p

 

Por: Germán Hennessey

Una de las causas de mayor ansiedad y estrés para las mujeres en mucha menor escala para los hombres—, es el equilibrio entre la familia y el desarrollo profesional. Algunos asumen que si la madre desea triunfar en cualquier campo, debe sacrificar su hogar; o, por el contrario, si decide entregarse a sus hijos y casa, perderá posibilidades de éxito laboral.

Son muchas quienes, durante la jornada laboral, parecen estar conectadas por telepatía con sus descendientes; la tecnología ha facilitado esa comunicación diaria. Las he visto haciendo tareas escolares en la oficina para ayudar a un hijo, mientras adelantan las gestiones propias de su empleo.

Si el menor se enferma, así sea de una pequeña gripa o una de las tantas virosis, la ansiedad se convierte en angustia, la desconcentración suele tomar las riendas y los sentimientos de culpa afloran. En estos días, la situación de una pareja amiga me sirve de ejemplo: el pequeño se enfermó y no pudo asistir al colegio; papá y mamá decidieron turnarse para su cuidado en casa, pues no tenían quien lo asistiera; luego de haber faltado al trabajo durante una semana, el esposo sentenció: “Tendrás que renunciar para cuidar al niño”. Las preguntas surgen de inmediato: ¿Por qué debe ser ella quien abandone, postergue o anule sus opciones profesionales por cuidar del pequeño?, ¿acaso el hombre no puede ejercer el papel de padre y cuidador?

No pretendo, en estas líneas, cuestionar los roles frente a la crianza de la descendencia, salvo decir que creo en la equidad de género y me esfuerzo por actuar con coherencia. Respeto a quienes hombres y mujeres asumen con honestidad la renuncia a su éxito laboral por criar con amor a una familia, o aquellos que sacrifican el cariño y la felicidad que brindan los hijos por alcanzar sus metas profesionales; claro, estimo más a los que son valientes seres humanos y hacen apuestas de vida: ser felices con un hogar, logrando el buen desarrollo empresarial.

Deseo compartir algunas ideas sobre estas situaciones, a partir de la experiencia en formación y consejería obtenida en diversos talleres durante los últimos años y de mis propios aprendizajes.

 

NO MÁS ‘O’, AHORA ES ‘Y’

negocios

La dicotomía es el primer enemigo cuando enfrentamos el reto: familia o trabajo. ¿Quién nos dijo que debemos elegir entre ambos?, ¿cuándo aprendimos que solo podemos tener una u otra de las opciones? Sugiero arriesgar una ganancia total: familia y trabajo, ¿es posible?, ¡sí! Lo primero es considerarlo como una probabilidad real, sabiendo que tendrá sus dificultades en el camino. ¡Claro que no es solo de creerlo, es de actuar!

Las tareas se orientan a varios momentos de reflexión y decisión personal, definir tus ‘reglas de juego’ para el escenario de vida.

 

TUS VALORES RECTORES

Un valioso ejercicio es determinar los valores que rigen tu existencia; seguro estarán la responsabilidad, honestidad y el respeto, sin los cuales cualquier interrelación humana se tornaría difícil. La tarea es precisar los principios que te definen e identifican; una guía para reconocerlos es evocar momentos en los que hayas considerado que alguien actuó de manera indebida, lo que incluye violar un valor clave para ti.

Una segunda pregunta que te sirve es reflexionar sobre cómo quieres actuar ante los demás; asimismo, contigo. Puedes desear hacerlo de manera cariñosa, enérgica, sencilla, alegre, asertiva o decidida, firme, comprometida y arriesgada.

Un tercer interrogante es para definir las principales cualidades o rasgos de carácter que te describen y diferencian; podrías responderte que eres una persona justa, alegre, espontánea, confiable, positiva, metódica, entre muchas alternativas.

Al determinar tus ‘reglas de juego’, colocas en el centro tu ‘ser’ y ‘yo’; defines tus pensamientos de vida, que se reflejarán y guiarán como madre, profesional, empleada, emprendedora o empresaria.

 

TUS PROPÓSITOS PARA EL CAMINO

Una meta es un punto o momento de llegada; cuando alcanzas el propósito, el camino trazado se acabó; y el siguiente paso es otro proceso que inicia.  Por eso, más que proponerte concretar metas de vida, te sugiero especifiques la forma cómo deseas vivir, cómo anhelas viajar; los ‘cómo’ se tornarán objetivos rectores. Imagina que vas de viaje: cómo quieres realizarlo, cómo ansías compartir y convivir con los demás. Podrías encontrarte con las siguientes ideas: aprendiendo siempre de las experiencias, disfrutando el momento, enseñando a otros, liderando a las personas con sencillez, concentrada en el presente, con serenidad y sin afanes, entre un sinnúmero de opciones.

LOS ACUERDOS COMPARTIDOS

Definidas las ‘reglas de juego’ —valores, cualidades y propósitos—, la siguiente acción es detallar zonas de acción y actuación: cómo deseas se manifiesten en tu día a día y en cada uno de los espacios en que interactúas —familia, empresa, estudio, voluntariado, entre otros—.

Algunos seres humanos logran puntualizar varios límites de esas actuaciones, un acuerdo personal sobre los máximos y mínimos que se permitirán en los diferentes campos; por ejemplo, ser algo permisiva con los hijos, pero no en la empresa; o ser más arriesgada en las decisiones laborales, pero menos en las familiares.

Todo lo anteriormente expuesto define tu ‘ser’, porque más que equilibrar, le dará coherencia a tu cotidianidad en las diferentes áreas; así que, en vez de enfrentarte al dilema de familia o trabajo, puedes optar por integrarlos en una vida plena de realización personal, de manera que, en ambos ámbitos, logres la felicidad real, basada en el propio: ‘SER’:TÚ.

 

 

Compartir: