TATO MARENCO

FOTOGRAFÍA: Luis Carmona

Por: María Isabel Cabarcas

Mientras estudiaba el bachillerato en el Colegio Biffi La Salle de Barranquilla, y gracias a la confianza de su profesora de música, halló el ambiente propicio para que su talento artístico se comenzara a manifestar cómodamente. Era apenas un adolescente, y en esa temprana etapa de su vida expresaba de manera espontánea su evidente vocación artística, la cual fue sabiamente descubierta por sus maestros, contando además con el absoluto apoyo de su madre, quien sería determinante al tomar la decisión de estudiar esta disciplina. Su carrera tuvo inicio cuando fue escogido como corista de la orquesta del colegio y, posteriormente, percusionista de la misma, motivado por la docente encargada, Ana Jinete, quien además era la esposa del director de dicha agrupación. En el ambiente escolar, Tato Marenco supo de forma reveladora e indiscutible que interpretar canciones era lo suyo.

Para empezar a transitar el largo camino que le esperaba profesionalmente en este campo, ingresó a estudiar en la Escuela de Bellas Artes en Barranquilla, donde adquirió durante dos años valiosos conocimientos sobre percusión y música de viento. Más tarde el destino lo llevaría a la Universidad Javeriana de Bogotá, cuando después de algún tiempo y sin haber culminado aún sus estudios, sería reclutado musicalmente por Totó La Momposina, de cuya mano recorrería varios lugares del mundo incluyendo Francia, territorio al que habría de regresar por largo tiempo, apenas un año después de su primera visita.

De acuerdo a la información presentada en la Enciclopedia Libre, “Amed Francisco Torres Marenco estudió en París Percusión Clásica y Música de Cámara en el Conservatoire Municipal Georges Bizet, Percusión Tradicional y Músicas del Mundo en el Conservatoire à Rayonnement Régional de la Courneuve-Aubervilliers, Licenciatura en Musicología en la Universidad de Paris 8 y fue el primero en Francia en obtener el DNSPM Dîplome National Supérieur Professionnel de Musicien en Músicas tradicionales en el Pôle Sup’93”. Durante diez años, residió en la ciudad del amor, mostrando con pasión desbordada en cada uno de los escenarios que se le permitieron, la valiosa identidad y el folclor colombiano a través de su talento.

Cuando habla de los juglares colombianos y del mundo que han influenciado su trabajo artístico, no duda un instante en enunciarlos con orgullo y gratitud: Joe Arroyo, Totó La Momposina, Paulino Salgado Batata, Pedro Ramayá, Carlos Vives, Ray Charles, Diomedes Díaz, Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez, Lucho Bermúdez, Pacho Galán, entre otros; todos ellos han aportado a su vocación e inspirado el compromiso que asume con el rescate y visibilización de la música tradicional. Destaca, además, nuestra condición de “hijos menores” de la influencia musical africana, donde se encuentran en su más pura esencia, las raíces de la herencia afro que llegaría finalmente a Colombia.

Tato, define la cumbia como “un estilo de vida, es la madre de todos los ritmos y la gran unión, mística y romántica de varios instrumentos, es todo un ritual musical”. A esta melodía le agradece demasiado los logros alcanzados en su carrera, considerando que aún existe una deuda con su proceso de rescate y difusión. Asimismo, afirma que: “Se está abriendo un espacio valioso para ello y debe aprovecharse mucho más el creciente movimiento de apropiación de la música tradicional colombiana, sin circunscribirlo únicamente a la temporada de carnavales en el Caribe”.

De esta manera, reconoce la importancia de los espacios de formación en las escuelas, alrededor de la vocación artística de los niños, niñas y jóvenes, teniendo en cuenta su experiencia personal y cómo ello impulsó el desarrollo de su aptitud musical innata en el ambiente escolar a temprana edad. Este músico multinstrumentista, a sus 34 años, ha recorrido numerosos países a lo largo de su proceso; cada una de esas experiencias aportó significativos conocimientos a su formación como folclorista e investigador de la música tradicional del mundo.

En el año 2016, a través de Andrés Castro, amigo y productor musical de Carlos Vives, se dio un acercamiento en Miami con el artista samario, con quien inicialmente compartía encuentros deportivos. En alguna conversación, y tras haber coincidido anteriormente por intereses comunes, le preguntó por qué no incluía la flauta de millo en sus canciones; y, luego de presentarle una muestra de este tradicional instrumento y manifestarle su gusto por el sonido del mismo, se estableció el compromiso de grabar una vez Tato regresara de un viaje a Brasil. Y así sucedió, al regresar grabó con su flauta de millo en los estudios de Miami, para dos temas que luego serían éxitos mundiales: ‘Al filo de tu amor’ y ‘La bicicleta’.

Meses más tarde, Marenco, armado con su flauta de millo, gaita y otros instrumentos de percusión, sería llamado a ser parte de ‘La provincia’, una vez se presentó la renuncia de Mayte Montero, dando su primer concierto en Los Ángeles, en agosto de 2016. A su llegada se sintió valorado y muy bien acogido por el equipo y Carlos Vives, en quien ha hallado una receptividad permanente para innovar y crear formas de interpretación en los conciertos que ha tenido la oportunidad de presentarse alrededor del mundo.

Al mismo tiempo, Tato avanza con decisión en sus proyectos personales, entre ellos ‘Los hijos de Mamá Cumbé’. Del mismo modo, a su mente llegan de forma constante brillantes ideas e interesantes propósitos para fortalecer el proceso de valoración colectiva de la cumbia, no solo en el Caribe, sino en todo el país y el mundo.

Este caribeño universal, fiel a su amor por la música tradicional, seguirá constituyéndose como un ícono y referente artístico obligado, no solamente por su inmenso talento, sino también por su alto sentido de compromiso con los valores musicales colombianos, lo que lo está llevando a escribir igualmente su propia página en la historia de nuestro folclor.

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FOTOGRAFÍA: Luis Carmona

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