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Por: Germán Hennessey

Planear, Hacer, Verificar y Actuar son las cuatro siglas del proceso PHVA; el cual es la base en la gestión de calidad, y sus conceptos los podemos aplicar en el desarrollo personal.

Las cuatro letras

Aplicable a cada actividad que se debe repetir o hacer de manera periódica, permite gestionar una mejora significativa para la siguiente oportunidad; desde alistarnos para salir al trabajo o al estudio, una tarea laboral, los ejercicios en el gimnasio o cocinar en casa, por mencionar solo algunos, son acciones que podemos mejorar usando el PHVA.

Planear: esta fase se divide en tres momentos: diagnosticar, hacer una evaluación previa de cómo estamos y qué tenemos; planear, la decisión y determinación de un plan de acción; entrenar, la fase de preparación para desarrollar una habilidad requerida o aprender a usar una herramienta.

Hacer: la realización de las actividades planeadas, según lo acordado.

Verificar: el control de las tareas en la medida que la vamos ejecutando, es decir, realizar una continua evaluación del procedimiento y los resultados, sin esperar al final para hacer una revisión al respecto.  

Actuar: estudiar los resultados de la acción, el qué y cómo lo hicimos, los productos generados y sus efectos, para determinar qué podemos eliminar —no debemos hacerlo más—, qué debemos corregir —debemos hacerlo ajustado a una norma— y qué podemos mejorar —una acción nueva o diferente—. En esta fase, también surgen las innovaciones. Esta etapa prefiero llamarla Aprender para Actuar, pues requiere que hagamos una reflexión consciente de los resultados, lo que exige ser autocríticos para gestar mejoras.

Mejorar cada día

Algunas ideas y recomendaciones al aplicar el PHVA como parte del desarrollo personal.

Muchos, cuando definen un objetivo, se lanzan a la acción; es como iniciar un tratamiento médico sin exámenes previos. Una recomendación es la autoevaluación con base en la meta, pues un factor puede ser tanto debilidad como fortaleza, según como se mire; es decir, si una característica es ser organizado y ordenado, será una ventaja al momento de realizar un viaje. No obstante, si la intención es explorar nuevas opciones, ese aspecto puede limitar tus alternativas de acción porque no querrás improvisar.

El diagnóstico previo con objetividad permitirá precisar qué tenemos, en qué estado, cuáles son nuestras ventajas y dificultades, qué sabemos y qué desconocemos. A partir de ahí, podemos diseñar un plan de acción mejor estructurado.

Para planear, recomiendo definir el resultado esperado: imaginar de manera concreta qué sucederá al lograrlo; si es una experiencia, cómo se sentirá; si es un producto, a qué huele, a qué sabe, qué colores tiene.  Si el objetivo es realizar un curso, por ejemplo, visualiza el día que te graduarás, los sentimientos que tendrás, por qué celebrarás, quiénes te acompañarán; esta imagen te ayudará a fortalecer la motivación y será tu mejor guía a lo largo del camino. Mientras más preciso definamos en nuestra mente el final, mejor podrá ser el proceso y superior será la fase de verificación.

En este período debe definirse la evaluación: qué aspectos son de vital importancia, cómo y cuándo los evaluarás. Siguiendo con el curso, podrás definir si te interesa más aprender, sin considerar la nota, o si las notas altas son tu prioridad o, en su defecto, qué tipo de relaciones o amistades deseas crear a lo largo del desarrollo de este.  

Un error común es no determinar antes de iniciar qué, cómo y cuándo se evaluará el proceso o la actividad; por lo cual, no se podrá verificar lo ejecutado, ni se conseguirá hacer las correcciones a tiempo. Con el ejemplo del curso, si no se tiene claro qué es lo importante, cómo saber si un proyecto es una oportunidad o no, si el aprendizaje es suficiente o debemos reforzarlo, pues no se obtendrá ningún resultado.

Recomiendo, también, definir en la planeación puntos de control periódicos. Si la meta es ahorrar, entonces es preferible revisar cuentas cada semana y no al mes o al semestre; si el reto es un cambio de hábito, sería ideal evaluarlo cada día y no esperar al culminar la semana. Consecuencia de ese error, es que improvisaremos demasiado y seamos presa fácil de las circunstancias, es decir, perderemos la capacidad de actuar con proactividad.

Como aprecias, en la P de planear está parte de la clave. La segunda está en la V de verificar, que te propongo sea doble: la propia y la de dos personas más; al tener dos personas que te ayuden a revisar tus acciones, tus métodos y tus resultados, tendrás una mejor y más integral visión, excelente información de cómo vas y podrás actuar a tiempo para corregir o mejorar, además de ideas y útiles recomendaciones.

Verificar es una disciplina, o sea, un hábito; por ejemplo, controlar las calorías de un alimento en una dieta, la calidad de lo leído en un aprendizaje, el dinero gastado y ahorrado en la semana. Es valioso tener registros y una bitácora: el registro es escribir los resultados parciales para poder comparar cómo vas, usando tablas o gráficos; la bitácora es anotar tus comentarios y apreciaciones sobre la actividad. Ambos te permitirán un mejor control, contrastar cuándo estuviste mejor o en qué momento presentaste alguna dificultad, qué hiciste para lograr ese buen resultado o qué te faltó para obtener lo esperado.

Aprender para Actuar es la fase de mejora. Con base en los resultados, podrás, de manera objetiva, definir qué debes cambiar, qué eliminar, qué hacer diferente o nuevo, para obtener un mejor final y un superior uso de los recursos en la próxima acción o en la siguiente fase. Alcanzarás instruirte cuando te dediques con serenidad a reflexionar sobre tus acciones, tus habilidades, tus métodos, a partir de los resultados de la verificación; y podrás verificar bien, cuando hayas planeado correctamente.

El PHVA es una herramienta. La calidad, una filosofía de vida. La excelencia, una disciplina. Tu progreso personal, el reto ¡Éxitos!

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