NEGOCIOS

Por: Germán Hennessey

Procrastinar es un verbo poco conocido, algo extraño; incluso, puede ser malinterpretado, solo imagine su reacción si alguien le dice que es una procrastinadora o un procrastinador. Aplazar, diferir o postergar es el significado de esta palabra. Si deja para después una actividad, si encuentra excusas para no iniciar una tarea o deja una acción a medias por realizar otra, es probable que sufra de procrastinación. Lo negativo de esto es el resultado: la improductividad, recarga continua de trabajo y estrés personal y laboral.

UN MAL HÁBITO

Procrastinar es un mal hábito. Solemos encontrar tantos motivos para aplazar o diferir una actividad que nos acostumbramos a hacerlo una y otra vez. Aún me sorprende cuando, en mitad de una formación o sesión de coaching, una persona abre los ojos y con sorpresa exclama: “¡Ay!, yo hago eso”; y luego, a manera de defensa, proclama que no sabía que era un mal hábito. Las razones para procrastinar pueden categorizarse en tres:

  • Las acciones tipo “isla perdida”, que son tareas delegadas sin un objetivo claro, sin una relación coherente con las metas o que no están integradas a los propósitos de trabajo o el área. También son actividades que, aunque claras en propósitos, no son fuertes para inspirarle o motivarle a la acción. Pueden escucharse expresiones como: “para qué hacer eso”, “esa tarea no tiene sentido”, “cuál es la utilidad”, “para qué me sirve”.
  • Las relativas a las habilidades, que es cuando considera que la tarea requiere un nivel muy superior a sus capacidades o, por lo contrario, es tan sencillo que no le interesa; se puede encontrar diciendo frases como: “eso es muy difícil”, “me supera”, o del tipo “es tan fácil que lo hago en cualquier momento” o “en un dos por tres”.
  • Respuesta al comportamiento del jefe, los compañeros o quien asigna la tarea en el hogar, que puede ser el cónyuge, papá o mamá. Cuando estamos molestos con esa persona podemos encontrar justificaciones para aplazar el inicio de la actividad o postergar su finalización, dejándola a medio camino.

UNA ADICCIÓN

La gran dificultad de la procrastinación es que lo hacemos como una acción evasiva o de huida; la actividad a la que nos enfrentamos nos causa tanta aflicción, frustración o molestia, que optamos por dejarla a un lado a cambio de otra más placentera. Por eso, justificamos el momento del aplazamiento y nos dedicamos a conversar, ver el celular, realizar cosas sencillas, pasear, hacer pausas activas o, simplemente, dejar para después ese compromiso. El cerebro, al estar frente a algo que no desea ejecutar, activa las mismas partes que utiliza cuando siente dolor; por ende, lo evita. Debido a esto, es similar a una adicción, pues preferimos elaborar aquello que nos da placer, así sea temporal, en vez de afrontar una situación que nos exige responsabilidad. De manera que nuestro cerebro tiende a procrastinar con facilidad, porque prefiere actividades simples, fáciles, divertidas o agradables, que tareas absurdas, complicadas, desconocidas o aburridas. Lo bueno es que podemos ser superiores a esto y sobrepasar la tendencia a procrastinar.

CONSEJOS PARA EVITAR LA PROCRASTINACIÓN 

Cuando aplazamos algo que tenemos que concluir, el primer efecto es la sensación de malestar y, luego, la improductividad. Se torna un círculo vicioso, dado que al no hacer la tarea, sabiendo que debemos cumplirla, aumenta la ansiedad, dolor y molestia, reforzándose nuestro deseo de postergarla. Además, se genera una angustia fuerte, pues en algún momento tendrá que realizarla, contra presión y tiempo; como consecuencia, otras actividades importantes quedarán aplazadas, generando represamiento y sobrecarga laboral. Las relaciones con las personas se tornarán tensas por los reclamos y requerimientos; y el estrés crecerá debido a lo anterior. Mis consejos prácticos para evitar y superar la procrastinación:

 

  1. Tome conciencia de por qué aplaza la tarea: cuando reflexiona sobre esas causas, podrá encontrar que existen razones ocultas, relacionadas con sus paradigmas o creencias personales; por ejemplo, una persona se negaba a revisar trabajos de otros porque asumía que no tenían la misma rigurosidad profesional de ella. Conocerse le permitirá definir una ruta de acción efectiva.
  2. Revalore la tarea: cada actividad tiene un porqué y para qué; revise sus objetivos y, en especial, el propósito: qué aporta al lograrla, cuál es el valor de hacerla bien. Integre la tarea a un proyecto o proceso conocido.
  3. Inicie: si algo le genera poco placer, hágalo pronto; en la medida que avanza en la tarea, encontrará que la sensación de molestia disminuye y podrá terminar con éxito. Una alternativa es que empiece con una actividad fácil, conocida, cómoda para usted, que le permita un buen resultado rápidamente.
  4. Aplique la técnica Pomodoro: decida dedicarse a la tarea por espacio de veinticinco minutos, con total concentración y sin interrupciones, incluso, utilice la alarma; descanse cinco minutos, retome por otros veinticinco, hasta completar tres ciclos.   
  5. Concéntrese en el proceso, en el paso a paso: está demostrado que cuando piensa en el producto final de la tarea, la sensación de dolor y estrés aumenta. Por eso, debe imaginar el proceso, las fases o los pasos para realizarla, es decir, las actividades una a una. Es la gran sugerencia en el artículo ‘Camino al éxito: la clave para paso a paso alcanzar las metas propuestas’, de la anterior edición de Enfoque Caribe.

 

Con estos consejos, unas recomendaciones vitales:

  • Planee su día y evalúese con objetividad.
  • Es importante que celebre sus pequeñas victorias, tema de uno de los anteriores artículos; eso reforzará su estima y motivación.
  • Es valioso que descanse; entre grandes ciclos de trabajo, dé un paseo, haga pausas activas, distraiga su mente y relaje el cuerpo. Esto le facilitará concentrarse mejor en el siguiente momento de laborar.

 

Así que, su reto personal: menos procrastinación, mayor productividad y, por ende, más felicidad.

 

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