NEGOCIOS

 Por: Germán Hennessey

La Real Academia Española nos dice que el hábito es un “modo especial de proceder o conducirse, adquirido por repetición de actos iguales o semejantes”; es decir, es un comportamiento cotidiano, repetido, interiorizado y que se ha hecho inconsciente.

¿Por qué la felicidad es un hábito? Porque podemos tener comportamientos cotidianos de felicidad, aprender a pensar y sentir cosas que nos permitan estar felices; sostener un lenguaje verbal y no verbal que nos enfoque a ella; se puede crear y mantener relaciones de valor que nos hagan felices; hacer aquello que nos dé alegría y dejar de hacer aquello que nos la robe.

Con mi socia Claudia Villa, coach personal, quien trabaja mucho con mujeres y jóvenes, nos hemos empeñado en “inyectar” la felicidad en nuestros procesos de formación individualizada y empresarial. Hemos encontrado que muchos la ven como algo distante, inalcanzable; quizás como un fantasma que no deja atraparse, cuando está en cada uno de nosotros. Guiado por ella, yo mismo hice el ejercicio para vivir más feliz, eliminando barreras mentales que me impedían “dejarla salir”. Uso este término para remarcar que la felicidad no está afuera sino en el interior de cada persona y que nos ponemos tantas trabas que escondemos esta fuerza vital.

Feliz vs. Infeliz

Escogemos vivir en infelicidad la mayor de las veces, siendo inconscientes de nuestros actos; algunas creencias, pensamientos y momentos que nos hacen infelices son:

  • Pensamientos dañinos sobre mí. Por ejemplo: me tengo lástima o autocompasión; me siento víctima de otros de manera continua; me avergüenzo de mis actos a cada rato; me siento inferior a otros, sin comparaciones objetivas; me enfoco en mis debilidades o limitaciones; poseo bajas expectativas o confianza en mis logros o me coloco metas inalcanzables; pienso ideas negativas o me enfoco en los problemas; me la paso pensando en lo que sucedió, en lo que podría suceder o me gustaría que sucedería en el futuro.
  • Pensamientos dañinos sobre otros. Por ejemplo: otorgo poder a terceros sobre mí; me culpo de los errores; asumo que mi felicidad o mi éxito dependen de los demás y no de mí; espero de otras personas que hagan cosas que me hagan feliz; considero que el comportamiento ajeno es la causa de mis males o problemas.
  • Pensamientos dañinos sobre el mundo o la vida. Por ejemplo: considerar que el destino está marcado en mi contra o que ya está escrito y no puede cambiarse; que no merezco el éxito o la felicidad mientras algunos nacieron con suerte, fortuna y bendiciones.
  • Pensamientos del “tener” y del “tener que”. Por ejemplo: cuando tenga dinero, hijos, un matrimonio, un buen puesto, fortuna, salud, un auto y una larga lista de objetos que se tornan en una meta, cuyo producto se acerca a la felicidad pero no nos hace felices; sí, gozar de salud nos facilita una buena calidad de vida y nos permite hacer ejercicio, viajar, etc., pero por sí sola ella no nos hará felices. Por otro lado, nos hacemos dependientes del producto o la meta que muchas veces distraen de los momentos especiales y las relaciones que nos dan felicidad; y nos exigen tener mejor salud, mejor auto, mejores hijos, etc. Y del “tener que”: son todos aquellos pensamientos que me hacen imponer una acción o comportamiento, muchas veces sin razón clara: “tengo que arreglar la casa para que estemos bien”, o sea que no te permites una casa desarreglada, ni un poco, y te la pasas peleando con todos por el mínimo desorden y ordenando por los demás.

Este tipo de ideas nos atrapan en una red que impide valorar y desarrollar el potencial humano, creando un entorno negativo que aleja de la felicidad.

Una decisión personal

Ser feliz es un estado y un estilo de vida; es una decisión personal diaria vivir en la felicidad. Al despertar, puedes decidir estar alegre cuando tu primer pensamiento sea para valorar y agradecer por todo lo bueno en tu vida; así haya dificultades, agradecer por las oportunidades que tienes para emprender nuevos rumbos o cambiar el ya existente y sonreír por las relaciones positivas en tu vida. Cuando vas a dormir, haces lo mismo, sumando reconocer las cosas buenas del día, los momentos agradables y las buenas personas que estuvieron contigo. Para ser feliz, reconoces tu vida hoy y aquí, es decir, en el presente y en el lugar en que estás, en el momento del que haces parte; cuando te quedas pensando en lo que sucedió o pudo suceder, te anclas al pasado, que no cambiará; si piensas sobre lo que deseas en el futuro o lo que harás cuando tengas algo, te anclas al porvenir que podría no suceder, porque eso solo será realidad cuando actúes para lograrlo.

Alcanzas a ser feliz cuando te das cuenta que hay momentos en los que puedes actuar y otros que escapan a tu capacidad de gestión; al decidir crear tu zona de control, aquella en la cual emprendes acciones, tienes comportamientos y usas un lenguaje adecuado, es decir, te concentras en hacer lo que tú puedes hacer para lograr lo que deseas, aceptando que no siempre se obtendrán los resultados anhelados, así hayas trabajado duro para eso.

Incrementas tu felicidad al vivir con base en tus valores, proyectos de vida y capacidades como ser humano, siéndote fiel y leal cada día; cuando tú eres el centro orientador de tus decisiones, en clara relación con los demás, de manera que tus actos sean coherentes, consistentes y conscientes para generar un bienestar para ti, los seres que te rodean y en tu entorno; si sonríes a la vida y ves el lado positivo, con optimismo y confianza; cuando te maravillas de las pequeñas cosas y te dejas sorprender de las bellezas de cada ser y objeto.

Ahora y aquí, esos pensamientos, sentimientos, palabras y actos los haces una y otra vez, cada día, hasta que aprendes que tu felicidad depende de ti y que ser feliz es un hábito diario, una opción de vida.

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