Por: Germán Hennessey

¿Recuerdas la última vez que debiste esperar a alguien en una reunión social o laboral? Cuando viste llegar a la persona que esperabas, ¿qué percibiste?, ¿qué sentiste al estar a su lado? Ahora, recuerda la última vez que fuiste tú a quien esperaban; ¿cómo reaccionaron cuando llegaste? Quizás te hayas dado cuenta de que todos reaccionan de acuerdo a como nos sentimos. Los seres humanos tenemos unas neuronas espejo que reflejan y copian las emociones; como los virus de la gripe, éstas también son contagiosas. ¿Cuál es la emoción que tú contagias?

LAS EMOCIONES SON NATURALES

Los estudios han demostrado que los humanos tenemos emociones primarias: alegría, tristeza, ira y miedo son naturales; es decir, todas las personas, independiente de su cultura, etnia, género y edad, las manifestamos. Tres ideas básicas importantes para recordar: 

  1. La emoción es natural, simplemente la sentimos.
  2. En nuestro cerebro límbico se manifiestan y procesan las emociones. Cuando él percibe una positiva, la interacción con la persona es de confianza y nos anima a la interrelación; cuando la percibida es negativa, el instinto nos indica que debemos protegernos, ya sea atacando o alejándonos del causante; también podemos quedarnos paralizados o congelados, sin saber qué hacer. Entre las emociones negativas considera la ansiedad, el miedo, la ira, la tristeza, la frustración, la decepción, el resentimiento, la apatía y el aburrimiento. Como aprecias, las emociones tóxicas no solo existen, sino que son peligrosas. 
  3. Cuando se tiene una emoción —en especial— negativa, normalmente se actúa atacando, huyendo o quedándose congelado, como indiqué; sin embargo, una alternativa es lograr ‘pensar la emoción’. Cuando ‘piensas la emoción’, te das tiempo para ser consciente de sus causas y reflexionar sobre cómo responder ante ellas; en pocas palabras, aunque solemos reaccionar de forma natural, podemos decidir cómo actuar a partir de ella. 

MEJORAR TU ESTADO EMOCIONAL

Como aprecias, las tareas frente a las emociones son dos:

  1. Ser consciente de tus emociones y reacciones para mejorar tu estado emocional. Mi consejo es que te tomes el tiempo para pensar en cuáles negativas sueles tener, qué las estimula y cómo actúas ante ellas. Cuando hayas tenido una reacción negativa que dañe tu momento en el día, tómate un tiempo para entender qué sucedió en ti, qué sentiste y, en especial, cómo se manifiesta en tu cuerpo; aprender esto es vital para canalizarlas. Revisa qué las causa: solemos pensar que algunos nos originan emociones negativas o positivas; más que las personas, son los comportamientos que tienen o lo que hacen lo que las estimula. Por eso, más que pensar en nombres, sugiero que reflexiones sobre los hechos o conductas que te generan ese sentir tóxico. Entiende cómo respondes ante esa emoción: qué haces, qué dices, qué piensas. Es posible que los comportamientos de las personas te sigan generando las mismas emociones negativas; lo que sí puedes cambiar es la forma como actúas y respondes ante ellas.

De manera que proponte reaccionar de otra forma: puedes hacer algo diferente, decir algo nuevo, tener otros pensamientos. Como seguro habrás caído en cuenta, cada vez que te dedicas a darles vuelta, en especial a las negativas, se suele incrementar la emoción. Actuamos como rumiantes: rumiamos una y otra vez la emoción cuando nos mantenemos con insistencia pensando en ella, en la persona que la causa, en los comportamientos que nos estimulan; entramos en un círculo vicioso. En este caso, son nuestros pensamientos los que originan nuestras emociones; por eso, cuando los cambies y los dejes fluir o pasar, cuando cortes pensar en lo mismo; cuando evites los pensamientos negativos y te concentres en los positivos, podrás guiar mejor tu estado emocional.

  1. Ser consciente de qué emociones contagias para crear mejores estados en las personas que te rodean. Cuando llegas con rabia a casa y gritas o alejas a los demás, quejándote de todo y todos, o entras y te lamentas sobre cómo te va en la vida, recuerda que estás alimentando las emociones negativas en tu familia, entre tus empleados y tus compañeros de trabajo. Antes de decir la primera palabra, las personas —sean tus hijos, amigos o los vecinos— ya han escaneado tus emociones y se alistan a reaccionar de acuerdo a la que tú irradies. Entonces, ¿eres consciente de qué emociones contagias? Reflexiona: ¿esas son las que deseas generar en los otros? ¿Ese es el ambiente emocional en el que deseas vivir y convivir? Si tu respuesta es no, puedes cambiar; puedes evolucionar.

INICIA TU EVOLUCIÓN

  • Inicia por ti.Contágiate de emociones positivas: reflexiona sobre tu estado de ánimo y cuáles son las emociones y pensamientos negativos que te hacen vivir en estrés, ansiedad, temor o ira; decídete a alejarlos y evitarlos; cuando te encuentres con alguien con esas emociones, evádelo. Contagia buenas emociones, crea una mejor vida para ti y los tuyos: decídete a aportar para que este mundo sea mejor, sembrando emociones positivas; esfuérzate por transmitir alegría, positivismo, confianza, amor. Así, serás fuente de vida, atraerás a las personas y crearás una espiral de cosas buenas.
  • Enseña a tus hijos a entender sus emociones y guiar su estado emocional.Eres el mejor ejemplo para tus hijos; si ellos se acostumbran a vivir en disgustos, insultos, rabia, molestias, negativismo, crecerán así como adultos, lo cual les perjudicará en su vida. Enséñales a reconocer sus emociones y a convertirlas en fuerzas positivas; que aprendan de ti a crear para sí las emociones positivas.
  • Ejerce tu liderazgo en tu trabajo, facilitando ambientes emocionales positivos. Sin importar si eres jefe, directivo o no, puedes ejercer tu liderazgo al crear ambientes emocionales sanos, armónicos, en los cuales las personas se sientan a gusto para trabajar y dar lo mejor de sí. 
  • Inyéctate del mejor virus del mundo.Contagia la mejor enfermedad de la vida: positivismo, alegría y amor. Da hoy el primer paso.

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