Por: Germán Hennessey

Hace pocas semanas, en un curso de diplomado, dos estudiantes jóvenes me sorprendieron con su historia personal: ambas menores de 27 años, profesionales en distintos campos, con excelentes experiencias laborales, renunciaron para reorientar sus vida hacia otras áreas en las que sentían mayor motivación y pensaban les darían satisfacción personal; razón por la cual estaban conmigo, aprendiendo nuevas habilidades para ser competitivas. Algunos les dijeron que estaban locas, varios las miraron sorprendidos, especialmente aquellos que en ese momento no tenían empleo. Yo las felicité y les manifesté mi total admiración por su valentía: mujeres proactivas, ejemplo para imitar.

HACER QUE ALGO SUCEDA

Planeas un día normal en familia o de trabajo, y algo inesperado sucede; desde un cliente que llega sorpresivamente con un problema, se presenta una avería casera o la amiga que nos pide ayuda. Cuando eso ocurre tenemos dos opciones: quedarnos atados al momento quejándonos y lamentándonos o actuar para superar la situación. Al intentar sobrellevar la situación tenemos las siguientes alternativas: esperar que alguien o algo nos auxilie o actuar por nuestra cuenta, asumiendo con voluntad y responsabilidad la acción y solución. Esta última conducta pensamiento, sentimiento, lenguaje y acción ejemplifica la persona proactiva; alguien que, como lo define la RAE, “toma activamente el control y decide qué hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos”.

Actuar con proactividad implica entender que podemos decidir sobre la solución o la ruta de acción, reflexionar sobre las alternativas, resolver por nuestra cuenta, emprender el proyecto y asumir las consecuencias y efectos de nuestros actos y determinaciones. Imaginemos esta situación cotidiana: llegas al trabajo y te das cuenta que no cargas un documento clave para tu informe; la persona ‘no proactiva’ puede quedarse en las lamentaciones de su mala suerte, culpar a otro por no haberlo guardado para ese día, excusarse en que no podrá presentarlo, o sentirse culpable y víctima del destino. Y al final, en una posición cómoda y actitud pasiva, optaría por no entregar nada, sin hacerse cargo de los resultados de su manera de accionar; es decir, sin adjudicarse la responsabilidad.

Una persona con actitud proactiva podrá dolerse del olvido, lo que es normal como seres humanos, solo que no se queda en esa pena sin sentido; enseguida, reconocería que es su responsabilidad portar el documento, independientemente de si había confiado que alguien más lo guardaría; entendería que es su deber presentarlo, gestionaría la búsqueda, yendo por él o pidiendo apoyo. Si no pudiese rescatarlo, reconstruiría lo mejor posible, comprometiéndose a entregarlo completo en un tiempo determinado.

Las dos chicas del ejemplo inicial tenían buenos trabajos, pero sentían que no les daba satisfacción personal ni profesional. Pudieron haberse quedado en ellos, incluso, con la mejor motivación posible, sin quejarse; o tal vez explicar que con la situación económica del país era preferible tener un empleo que estar sin él, o pensar que eran solo dos mujeres jóvenes con poca experiencia y sin capacidad de conseguir algo mejor. Sin embargo, apreciaron que tenían la facultad de decidir sobre lo que querían hacer con sus vidas, y debían construir los proyectos por sí mismas y no por los demás, como los papás, por ejemplo, ni por el destino; que solo ellas podrían asumir con compromiso y responsabilidad sus actos de vida. Entonces, renunciaron y empezaron a educarse mediante carreras complementarias que les llevarán, de seguro, a aquellos trabajos o emprendimientos de negocios en los cuales serán felices. Ellas actuaron con proactividad total.

Para eso, te recomiendo:

CONÓCETE

  • Identifica tus principios y valores, talentos y pasiones, destrezas y habilidades, y cualidades.
  • Determina los recursos con los que cuentas y tu red personal de apoyo real quién te puede ayudar a conseguir las cosas que necesitas para tu proyecto.

UNA ACTITUD DE VIDA DEBIDA

  • Asume que tú tienes el control de tu vida, no el destino ni los demás.
  • Cree en tu capacidad de hacer las cosas y, en especial, cree en tu capacidad de lograr lo que te propones.
  • Sé consciente que:
  1. Eres libre de decidir, a pesar de las circunstancias, decir ‘sí’ o ‘no’.
  2. Eres responsable de tus decisiones y acciones; eres tú quien debe responder por las consecuencias, buenas o malas, de lo que hagas.
  3. Tienes la capacidad de lograr tus metas aún con las dificultades; es valioso que tengas siempre tu “norte inspirador” como guía.
  4. La decisión del camino es tuya. Quizás las circunstancias o los factores te limiten, retrasen o dificulten más el camino escogido, pero la forma de recorrerlo es tu decisión.  
  5. La vida requiere flexibilidad. Es una opción reconsiderar las metas, formas de trabajar o hasta los compañeros del viaje, siendo coherente con tus principios y proyecto de vida.

PLANEA

  • Un proyecto de vida a partir de tu “sistema de vida”: principios y valores + propósitos y misión de vida + proyectos de vida; es tu plan de ruta.
  •  A partir de ellos, define tus proyectos personales, profesionales y laborales. Así, será más fácil al momento de decidir por nuevos rumbos, mantener coherencia en las decisiones y actuar con proactividad.

ACTÚA

  • Observa y conoce tu entorno: qué sucede y qué puede suceder, qué tendencias se presentan. Conversa con personas dentro y fuera de su círculo profesional y laboral, ellos te darán pistas.
  • Cuando algo suceda, esfuérzate por actuar lo antes posible; recuerda que la queja y el lamento no cambiarán las circunstancias de las cosas.
  • Reflexiona sobre lo que puedas hacer; aunque parezca un acto pequeño, podrá ser muy significativo, pues te dará ánimo para continuar y motivará a otros a seguir tu ejemplo.
  • Mantén el entusiasmo en la acción. Recuerda revisar resultados, retroalimentarte y hacerlo con tu gente.
  • Asume con responsabilidad, honestidad y compromiso las consecuencias y efectos; si son buenas, alégrate y celebra las pequeñas victorias; de lo contrario, aprende y continúa.

¡Ser proactivo es posible! es tu decisión!

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