Por: Germán Hennessey.

Siendo estudiante de periodismo en Bogotá, trabajaba de planta en un periódico de la ciudad; algunos días, al terminar mis responsabilidades, me quedaba a realizar tareas universitarias en la compañía, aprovechando el respaldo de las hojas que había utilizado durante el día y la máquina de escribir, ya que la empresa se negaba a dotarnos de computadores por sus altos costos—lo que haría poco después—.En ese entonces, cuando me equivocaba tecleando, reescribía sobre el texto varias ‘x’, de manera que al final tenía lo que parecían manchones de ‘xxxxx’, pero yo alegaba que lo importante era el contenido y no la presentación; sin embargo, un día me di cuenta que se veían feos, sucios y desordenados.Reflexioné sobre el impacto emocional que causaban en los profesores y, por ende, en la valoración de la nota;desde entonces, empecé a esmerarme con las entregas, de modo que borraba con una cinta especial la palabra errada o pasaba el texto ‘en limpio’.

Años después, como docente universitario, al recibir las tareas mal presentadas de mis estudiantes, consideré lo que sentían mis maestros cuando veían mis hojas inadecuadas y con tachones.Aprendí que las buenas presentaciones de las tareas dan mérito a las ideas, aprendí el valor de una buena presentación, de la imagen adecuada para éstas; eso de que ‘las cosas entran por los ojos’, tiene total validez, pues nos referimos a las emociones y percepciones humanas.Por otro lado, y para reforzar mi experiencia, he aprendido, en los últimos meses, que una mujer al maquillarse eleva su autoestima, al tiempo que irradia con fuerza su poder personal; cuando un hombre combina bien la ropa por sus colores, tela y diseños, para ir a su empleo, resalta su estima personal y es bien apreciado por otros.

Todas estas experiencias me han enseñado que la estética no es algo superficial y banal, sino que hace parte de nuestro ser. Para algunos, la estética es algo superfluo; tanto, que miran por encima del hombro a quienes valoran la belleza manifestada en el maquillaje, ropa, diseño, imagen, entre otros aspectos.El origen de la palabra estética se define como ‘lo que se percibe por los sentidos’; sus acepciones o significados nos indican que es la disciplina que estudia la belleza, lo ‘artístico’, la ‘armonía y apariencia agradable a los sentidos’ y los fundamentos filosóficos del arte.Cuando hablamos de ésta hacemos referencia a una cualidad y expresión natural del ser humano, estamos frente a la necesidad de vivir en armonía y lo que es agradable a los sentidos.

ESTÉTICA Y NEGOCIOS

¿Cómo se integran la estética y las empresas? Dejemos a un lado todo el mundo del negocio de la belleza, reflejado en compañías de cosméticos, perfumería, accesorios y ropa; los concursos y todos los profesionales que lo hacen posible. Son tantos los miles de millones de pesos y la gente que trabaja en este campo, que su importancia se demuestra con facilidad.Hablemos de este concepto en las relaciones de negocios, en la belleza de las buenas interacciones personales: una interacción estética es respetuosa, amable y cordial; usa un lenguaje correcto y mantiene una comunicación asertiva. Aplicada en la relación, valora al otro en lo que denominamos ‘la belleza interior’ porque ve la armonía del cuerpo y aprecia las cualidades de los individuos.

Una persona consciente de la estética sonríe, porque sabe que la sonrisa refleja un espíritu equilibrado, armónico y positivo; y busca irradiar ese sentimiento a otros. Una conversación de negocios es agradable cuando la participación de las partes es nivelada, y se sabe escuchar con inteligencia, expresándose con efectividad; cuando los espacios facilitan el diálogo y evitan los ruidos y las distracciones. La belleza de las relaciones laborales se basa en una correlación de amor, entendido como la capacidad de servir, apoyar y satisfacer las necesidades del otro; llámese cliente, empleado o cualquier grupo de interés.Las empresas estéticas son organizaciones cuyos directivos valoran al ser humano como un ser especial; no requieren de leyes ni normas para tener conductas correctas y positivas.

En una empresa en la que se valora la armonía como elemento esencial del ser, se construye una cultura sana con modelos mentales positivos y proactivos; donde la convivencia, además de pacífica, es participativa, incluyente y acepta la diversidad. El sentido de la estética en una empresa hace que se valoren los espacios, para que fluyan las personas, las energías positivas, el viento, la luz, y las interrelaciones; de manera que se diseñan los sitios de trabajo para que los empleados estén tranquilos y con comodidad. Un grupo de compañeros, con alta estima por la estética, generan cooperación y colaboración en el oficio, ya que saben que la armonía colectiva hace que todos logren el buen desempeño en un ambiente laboral sano.

Un empleado con sentido de la estética cuida la atención y el servicio al cliente; desde ser puntual,hasta la buena presentación de productos y una asesoría personalizada satisfactoria, porque sabe que más que un cliente tiene a un ser humano con una necesidad, que confía en su solución. Solo que muchos se quedan en lo superficial del concepto: la imagen publicitaria, la fachada ‘elegantosa’,el maquillaje de la máscara social y laboral, la ropa de marca sin importar el estilo y buen gusto; olvidando el espíritu de la belleza, del equilibrio y la armonía.Por eso,¡la estética sí cuenta en los negocios! Una persona y empresa con alto sentido de la estética son, en esencia, seres con alto sentido de la ética.

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