Por: Jairo Aguilar Deluque

Hace solo unas semanas tuve la dicha de salir a cine con mi hermana Elaiza; a quien tenía varios años de no ver, pues vive en Los Ángeles, Estados Unidos. Ella, además es mi mejor amiga y polo a tierra. Los últimos recuerdos que tengo a su lado en los teatros se remontan a la infancia. Escogimos una película que tiene por título ‘La belleza inesperada’; a ambos nos llamó la atención por lo espiritual, ya que siempre tratamos estos temas, sea por libros, lecturas o charlas. El filme desarrolla tres elementos o circunstancias esenciales de la vida: el amor, el tiempo y la muerte; para mí, estos momentos están ligados a la eternidad, donde confluyen las energías vitales o, bien sea, la existencia humana.

El amor es el salvavidas; quien lo reconoce sube al barco de la existencia y esperanza. No se puede mirar solo en relación con otras personas, sucesos o circunstancias, porque un día no podrás tenerlas, no van a estar; o ese objeto que tanto aprecias no tendrá el mismo valor o importancia para ti. Pero, el amor siempre va a estar ahí, es la conexión eterna con la existencia; la puerta desplegada hacia la plenitud, las manos siempre abiertas. Por eso, no puede ser posesión, ni mucho menos manipulación; son los latidos de tu corazón que se expanden en la experiencia, el nuevo día que llega, la puesta de sol, los rayos de luz de la luna o el titilar de las estrellas. Si eres amor, lo eres todo; por ello, al sentir que lo pierdes, sientes que se desvanece todo.

Pero eso es imposible, no puedes perder lo que eres. La vida día a día nos presenta pruebas, perder a un ser querido es una de ellas, de los momentos más difíciles a superar por el ser humano; sin embargo, siempre habrá un motivo, esposa dispuesta —como en la película—, a comenzar de nuevo; una familia unida y/o  mano amiga dispuesta a ayudar, ahí está el amor palpitando. Esto solo lo podemos entender si sabemos que somos seres espirituales viviendo una experiencia física, que con el tiempo muta o se transforma; extensión de Dios y Dios es amor puro, que no depende de nada ni de nadie, solamente de la convicción eterna de vivir a plenitud con la existencia. Aún en las tragedias, prevalece, se hace fuerte y lo cambia todo; no debemos desfallecer en la batalla en la vida.

Hay que seguir el camino teniendo presente lo que somos. Yo soy y seré amor hasta el fin de los tiempos, una energía que mueve al mundo y lo transforma. Siempre está antes de cualquier emoción generadora de cambio; previo a la felicidad, esperanza y gratitud. Las personas que logran transformar el mundo toman el amor como su única bandera. El más puro lo encontramos en los niños; por ello, Jesús decía: “Dejen que los niños lleguen a mí… pues de ellos es el reino de los cielos”; y el reino de los cielos no es más que un corazón agradecido, lleno de plenitud, que día a día expande su amor; este sentimiento es acción, por ello la vida no se detiene.

Para entender el tiempo tendremos que apartarnos de los condicionamientos mentales; la mente siempre te dirá que es muy corto o demasiado tarde; por ello, se inventaron los relojes, horarios, esquemas y cronogramas. Tenemos la tendencia errónea de querer controlarlo todo, hasta la vida misma, y ésta es como un río que fluye en el ahora. Consideramos que está compuesto de pasado o futuro; empero, vive en el hoy, en la certeza de que, en el momento, harás realidad los anhelos de tu corazón y sanarás las heridas que llevas contigo; no es tu enemigo, sino el don que tienes por el simple hecho de existir.

Nunca es demasiado tarde o pronto, tienes que hacer del tiempo tu amigo. La única manera de establecer una verdadera relación con éste es viviendo a plenitud el presente. Al apartarte del amor te haces su enemigo, porque te quedas sin motivos para encontrarte con el ahora: ver un atardecer y contemplar un amanecer implica una conexión con el tiempo; entender que minuto a minuto hay creación: una flor al abrirse, el colibrí tomando su néctar, el expandir de las flores al sentir los rayos del sol. No puede haber tiempo sin amor, ni lo contrario. Vivir el ahora es apartarte del ego, dogma y del día a día. La manifestación de amor está ocurriendo hoy, ya, en este instante; donde puedes ver, sentir, respirar y manifestar tu amor. Puedo perder mi reloj y tener la certeza de que todo es perfecto. Muchas de las enfermedades que hoy padece la humanidad se deben al afán por querer controlar o culpar al tiempo; no obstante, él es tu mejor amigo, no lo olvides.

Para entender la muerte, primero debes comprender que al nacer ya estaba contigo; todos los días estamos muriendo lentamente, pero nos pasamos toda la vida temiéndole. Cuando reconocemos que somos seres espirituales, viviendo una experiencia física, concebimos que es el vehículo en donde hemos de transitar durante nuestra existencia; pero, claro, se tiene que entender como algo natural, aquella persona que conociste y ya no está, se sigue manifestando constantemente en tu vida. La muerte no termina con el tiempo, simplemente transforma la materia para que entendamos lo que es vivir la experiencia; el miedo no es más que aferrarse a ésta.

Cuando vives en un estado de manifestación, poco a poco te desprendes de lo físico. La muerte, como el amor, no es posesión ni apego; sino liberación, desprenderte de lo físico para seguir siendo eterno. No debemos esperar a morir físicamente para encontrarnos con ella. Quien le teme todavía no reconoce su inmortalidad, permaneciendo aferrado al tiempo.

Renunciar a los rencores, apegos materiales y a las emociones negativas permite encontrar plenitud; pues, se entiende que todo ese peso tarde o temprano va a liberarse. Es necesario replantearse estas concepciones para entender la vida; solo así podrás reconocer en la vida la muerte y en la muerte la vida. El amor, el tiempo y la muerte confluyen en la eternidad; sin embargo, en ocasiones se pierden en la cotidianidad y lo mundano; como en la película, por cualquier circunstancia de la vida se convierten en la belleza inesperada.

Para mi hermana Elaiza, mi belleza inesperada. Namasté.

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