Por: Jairo Aguilar Deluque

“Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia”.

Paulo Coelho

Siempre he pensado que las decisiones que tomamos pueden transformar el mundo o, si es el caso, transformar la vida de alguien; esto siempre debemos tenerlo en cuenta. A la edad de 15 años me dispararon, recuerdo estar bañado en sangre corriendo desesperado pensando que iba a morir. Los momentos en los que nos encontramos tan cerca de la muerte son transformadores, son minutos que te permiten replantear muchos aspectos en tu vida. Ese no es el único instante en el que he estado cerca de la muerte y esto me ha permitido vivir las mejores experiencias de mi vida. Recuerdo estar recuperándome de las heridas de los disparos que recibí y ver a la gente llegar a visitarme. En una de esas visitas, alguien llevó a una persona para vengar lo que me habían hecho; papá se molestó y les pidió que se fueran de mi casa.

Para esos días, mi abuela Eloíza y mi madre ya profesaban la Fe del Cristianismo y le habían hablado del perdón y los karmas a mi padre, pero mi papá, en su sabiduría, ya entendía muchas cosas de la vida. Recuerdo llegar un día a una clínica de la ciudad con él y que, al frente de ese lugar, estaba aquel que, años atrás, me había lastimado. Papá lo miró fijamente a los ojos, me tomó del brazo, le quitó la mirada y me abrazó muy fuerte. Ese día le envió un mensaje a mi corazón y al universo: yo todavía estaba con él y solo la gratitud puede sanar un corazón herido. Nunca podré saber por qué esa persona me hirió, lo único que sé es que me cambió la vida y la de mis amigos. Nunca sentí rencor; mi abuela Eloíza me dijo: “Nunca te quedes con nada”. Lo recuerdo. Dios me permitió despedirme de ella y lo último que me dijo fue: “Te amo nenochi” y al otro día partió de este mundo. En ese momento pensé: después de todo lo que había sufrido mi abuela, ella fue capaz de perdonar y, además, de sembrar amor en mí. Creo en el perdón y, como lo dijo una vez mi abuela, “No debemos quedarnos con nada”.

Hace algunos meses conocí a Sara. Sara es una mujer que siempre sonríe pero nadie sabe qué hay detrás de este gesto; a ella le mataron a su hija de 20 años y a su hijo lo dejaron minusválido. Un día, intrigado, le pregunté qué era lo que la impulsaba a hacerlo y ella, sonriente, me respondió: “Mis hijos son los que me dan fuerzas, el amor que siento por ellos”. Ella es víctima, como muchos en este país, y al abrazarla siempre siento algo especial, porque puedo sentir su dolor, puedo ver su tristeza, pero también puedo ver el cariño de sus hijos que es lo que la mantiene fuerte, aún después de tantas tristezas. Hace un par de días vi un documental en Netflix, trataba de una conferencia donde un psicoanalista viaja por el mundo y, en cuatro días, se compromete a cambiar la vida física y espiritual de las personas. En una de sus intervenciones, trata el caso de una joven que, desde los seis años, fue abusada sexualmente por su padre. Para la comunidad religiosa a la que pertenecían, era una situación bastante traumática; además, era ella la que se había convertido en la fortaleza de su familia, pero nadie sabía cómo estaba por dentro; tampoco sabían que, desde hacía algunos años, ella tenía ideas constantes de suicidio y que deseaba morir.

Durante la intervención, el psicólogo le dice que lo único que la ha mantenido en pie es el amor, y que no había podido diferenciar entre este y el deseo; también tenía resistencia a los hombres, porque la habían lastimado desde muy niña. El amor es diferente al deseo, el amor es y será; el deseo es cambiante, solo es carne, solo el amor puede hacer de ti un instrumento de cambio para el perdón. Hoy, aquella joven viaja por el mundo regalando su testimonio y transformando vidas. Es así como las decisiones que tomamos son importantes, saber decir sí, cuando decir no y, sobre todo, no lastimar a nadie. La verdad puede ser difícil, puede doler, pero solo la verdad construye y edifica, solo la verdad te permite ir por la vida dejando huellas maravillosas en la gente. Siempre que llego a una relación, mi idea es dejar a esa persona mejor de como la encontré, esa es mi prioridad en este mundo: vivir cada día sembrando un poco de mí. Estoy muy agradecido con mi padre por haber vengado mis heridas; Dios me premió con vida y con la posibilidad de llegar con mis letras a muchos. Si las decisiones nacen del corazón, pueden tener la seguridad que vienen del camino correcto, pero si provienen del miedo, te estas equivocando. Por siempre, amor y luz.

Namaste.

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