Por: Jairo Aguilar

“La gente comúnmente piensa que el odio es el opuesto al amor. Es absolutamente incorrecto, el opuesto del amor es el miedo”.
Osho.

Nadie tiene derecho de arrebatarle los sueños a alguien, no hay razón para despojar los anhelos del corazón a una persona; por eso, me pregunto, ¿cómo ocurrió en Orlando? ¿Qué estará pasando por la mente de esa persona? No lo sé, pero estoy seguro de que para construir ese estado de demencia debieron pasar muchos años de condicionamiento mental, pues este es el verdadero cáncer que hoy padece la humanidad; cuando se buscaba una posición de respaldo por parte de ella ante semejante acto de barbarie, en las redes sociales aparecían mensajes como el de un pastor evangélico, donde claramente estigmatiza por su condición religiosa, a tal punto de decir que: “debieron morir más por ser gay” y “que un cristiano no debe sentirse mal por eso”, ¡Dios mío!

No encuentro ninguna diferencia entre de quien cometió la masacre y quien lanzó semejante expresión, me sorprende cómo hay personas que manifiestan: “es castigo divino”, que debieron padecer esas consecuencias del destino solo por ser gays. No podemos seguir perdiéndonos en el condicionamiento mental, no necesitamos un mundo religioso, necesitamos un mundo despierto, capaz de entender el amor desde la experiencia; cada uno de esos muchachos que perdieron la vida, eran seres con familia, sueños, anhelos en su corazón, muchos de ellos decidieron compartir sus vidas con personas del mismo sexo, por amor. ¿Quién tiene el derecho para condenarlos por su condición?… nadie, porque por amor nadie condena.

Tampoco pensar en el acto sexual como sucio y poco inmoral, todo acto sexual se debe entender como algo íntimo, privado de cada pareja; quien lo hace es porque lo siente, le nace. Sucio es pensar en el acto como algo malo por su condición mental, llamándolo sexo excremental o antinatural, hacer esto es estar en la demencia. Estos actos tienen que parar, debemos construir un nuevo mundo lejos de la religión, pero muy cerca a la religiosidad, que no es más que poner el amor en práctica; solo éste en acción terminará con la división de cualquier tipo, sea por religión, racial, sexual. La unidad construye, sana la división, desata guerras; tenemos que ser responsables del cómo estamos preparando a nuestros hijos en la experiencia, y digo esto mas no educando, porque no tiene nada que ver la educación con la manera en que preparamos a nuestros hijos; también hay colegios condicionados, hay todo tipo de estigma social, religiosa, moral, los cuales no están construyendo humanidad sino división, terminar con ella debe ser un trabajo de cada uno de nosotros en nuestros hogares; preparar a nuestros hijos en el amor, esa es la verdadera revolución.

Cuando era niño, al ver a una pareja de hombres besarse, me escandalizaba, lo rechazaba con la palabra “marica”, muy común en la costa Caribe, algo malo, sucio, inmoral; me puse a pensar en estos días cómo se debió sentir un niño como yo, que a esa edad se sintiera atraído por alguien del mismo sexo, de pronto en mí no causo traumas, ni tristeza, porque no me he sentido atraído por personas de igual género, pero pienso en aquel que sí, debió sufrir mucho, al ver una sociedad que reprochaba esa condición, que se burla de ella, que la estigmatiza. Por eso, muchos de esos niños sufren de adultos, porque este mundo no preparó a sus niños para el amor; la sexualidad es como un bolsillo, que muchos llevan por dentro y otros por fuera, y como lo dije, la relación es algo íntimo, lo que sí debe estar a la luz del mundo es el amor.

Eso es lo único que va a terminar con toda esta locura. Yo me pregunto ¿cómo se sentía el joven que cometió la masacre en su vida cotidiana?, cuando el libro sagrado que él leía le decía que los gays no van al cielo, de la condenación, y él se sentía atraído por hombres; todo esto debió ser una carga emocional que soportó durante años, sumado a una carga social que hoy también está sumergida en condicionamientos.

Debemos parar esto, o se seguirán repitiendo estos casos, al mundo hoy lo detiene el miedo, lo que pasó en París no tiene nada de diferente a lo ocurrido en Orlando, “mentes condicionadas por miedo”; tomar un arma y acabar con la vida de los demás porque mi mente está perturbada. El día que entendí las condiciones sexuales de las personas lo aprendí por un amigo, el cual aprecio mucho, por familiares con los que comparto día a día; ese momento en que supe que eran gays se acabaron mis prejuicios, la venda de mis ojos se quitó, los miedos de niño terminaron, no había nada de diabólico o pecaminoso con ser gay, pues eran personas amables, sencillas y amorosas. El otro día, una de mis amigas regañaba a su hijo con la clásica costeña “tú no eres marica para ponerte a decir eso”, y le dije que con miedo no educas, con amor sí preparas a la persona, no eres tú quien va a decidir su condición, es él quien tiene ese derecho y libertad; lo único claro que debe tener es el amor propio en todo lo que haga.

Esto tiene que terminar, no puede un país tampoco permitir la venta y compra de armas cuando hay tanto miedo y problemas mentales en la sociedad, ¿cuántas vidas más se tienen que perder para que el amor supere el negocio? Ese negocio que prospera por el miedo, ese que es el camino al verdadero infierno, porque vender un arma a un condicionado mental, es condenar a muchos a un infierno, como ocurrió esa noche en Orlando.

Muchos de mis amigos gays tuvieron que irse de mi tierra, buscar otros países, lejos del amor de sus padres y familiares, para sentirse libres, veo sus fotos en las redes sociales y los veo felices porque pudieron disfrutar de su condición, pero también sé que están tristes porque no pueden volver y ser como realmente son, porque esta sociedad condena, juzga, lastima; porque esta sociedad no prepara a sus hijos en el amor, si no que educaron para el odio.

Ya no más, entre ser hetero y ser gays no hay diferencias, en la condición humana tampoco las hay, porque en el amor somos uno solo.

Solo el amor terminará con el miedo y ese día volveremos a ser libres del condicionamiento mental.

Para esas hermosas almas que partieron de este mundo, gracias por su luz, brillarán por siempre.

Namaste

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