Por: Jairo Aguilar Deluque

“Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo”.

Nelson Mandela

Hace algunos años tatué unas palabras en mi espalda. Cada símbolo japonés que llevo tatuado tiene un significado: poder, coraje, ganador. Tomé la decisión de tatuarme con varios amigos, no sé si por moda o simplemente por seguir la corriente, pero al tomar la decisión de escoger cada símbolo, sé que la vida a cada instante te va brindando enseñanzas, en cada momento de mi ésta veía el poder con otros ojos; poder podrá significar tener dinero, reconocimiento, o el poder para enfrentarse a cada una de las circunstancias que la vida me ha venido presentando.

Solo era cuestión de abrir bien los ojos y discernir entre lo real y lo erróneo, lo falso, tener dinero o reconocimiento es entregarle el control de tu vida a algo que no va más allá de lo efímero, pero darle poder a los anhelos de tu corazón es encontrar nuevamente el camino a lo real, a lo puro. Poder levantarte todas las mañanas y emprender de nuevo; poder como verbo, poder en acción. Para entender nuevamente el significado de la palabra poder, me tomó algunos años -hasta pasar por trastornos de ansiedad-; todo en la vida tiene su recompensa: tu trabajo, tus esfuerzos, tu dedicación serán recompensados; es la ley de la vida, pero solo es posible la recompensa íntegra en la medida en que comprendas de manera consciente, el verdadero significado de las palabras. Por eso, cuando te dicen “la palabra tiene poder”, es verdad, es una realidad, pero más poder tiene si reconoces su significado.

Te explico: yo puedo tener el poder de esforzarme en trabajar día a día para conseguir lo que quiero, pero sin envidiarle nada a nadie, sin avaricia, porque se pierde el tacto, el sentido humano; el poder debe implicar el despertar de una fuerza divina, la misma fuerza con que las raíces de un árbol se aferran a la tierra para que lo que somos pueda crecer y dar sus frutos, de igual manera brinda sombra a quien lo necesita; ésta es la mejor manera de entender el verdadero poder.

La segunda palabra que escribí en mi espalda fue ‘coraje’. Siempre sufrí de miedo desde muy niño, cuando llegaba la noche y, con ella, la oscuridad. Recuerdo perseguir hasta muy tarde a mi madre para poder dormir con ella. El miedo te pone el alma chiquita y la única manera de vencerlo es a través del coraje. Éste también tienes que reencontrarlo desde muy adentro, desde un punto de vista real y espiritual de las cosas, no es el coraje que viene de la ira o del odio, de la sed de venganza, no, eso no es coraje; el coraje es abrirse a la luz, si todo está oscuro el coraje es tu luz; no es coraje si proviene de la oscuridad y no tiene nada que ver con la valentía, pues ser valiente es circunstancial; tener coraje es vivir de acuerdo a tu corazón, es voluntad en acción, nace del amor.

Recuerdo la primera vez que me enamoré. Ella era una morena hermosa que me intimidaba por su porte y estatura; decidí conquistarla y fue solo el coraje lo que me permitió romper el hielo y mantenerme persistente. No existe el coraje lejos de la virtud y del amor, no puedes hablar de coraje si hay odio en tu corazón, esto lo debes recordar siempre.

La tercera palabra que escribí en mi espalda fue ‘ganador’. Me preguntaba: ¿para qué quiero ganar? ¿Qué es lo que quiero ganar? ¿Cómo lo debo ganar? No quieres ganar aplausos y reconocimiento, ni alimentar el ego; no te cierres a la vida, muchos para ganar nos ponemos máscaras, nos disfrazamos de mentiras; los elogios son el peor de los engaños en un mundo competitivo, duran lo que dura un suspiro; debes soñar porque fuiste capaz de reconocer el amor en ti, el triunfo de una rosa es abrir sus pétalos hasta que el colibrí venga por su dulce  néctar. No te guardes nada, por eso los triunfos del avaro son fuentes sin corrientes, tarde o temprano el agua se estanca, no debes ganar llevándote a las personas por delante; hasta en la vida hay reglas que debemos seguir, si sabes qué eres en verdad, también lo reconocerás en los demás; si tomas atajos, lastimas a alguien, el ciclo vicioso nunca va a  terminar, debes hacer la diferencia, respetar las reglas del camino y así establecer que es lo que quieres ganar.

El verdadero triunfador es aquel que en la victoria descubrió la manera de hacer que los demás también lleguen a la meta; no hay ganadores solos y esto también me tomó un tiempo entenderlo, pero solo lo descubres cuando los anhelos de tu corazón invaden de luz todo el espacio que te rodea. Después de tantos años descubrí el verdadero significado de aquello que me tatué en la espalda en mis años de inmadurez, pero con el tiempo descubrí que el poder, el coraje, el ser un verdadero ganador no es más que la pura intención de amar, que día a día pongo en acción a través de la ejecución de los anhelos de un alma.

Después de algunos años me encontré escribiendo unas palabras; todo en la vida es un proceso de construcción de símbolos, lo único es saber recocer el momento exacto para que los pasos interiores vean la luz; nunca dejé de escribir, lejos todavía estaba el día en que mis letras se publicarían, pero la vida es así, perfecta en sus designios. Un día me encontré con la persona idónea, quien reconoció en mí un pequeño eslabón para su proyecto, desde aquel día han pasado más de dos años; hoy hago parte de la familia Enfoque Caribe, que comenzó del amor, la comunicación y, como digo yo, del talento de su directora, quien con disciplina y arduo trabajo ha posicionado su nombre en toda la Región Caribe. Como siempre lo he dicho, tienes el más bello de los dones, que es reconocer la grandeza de los pequeños detalles, gracias por creer en mí.               

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