Por Jairo Aguilar Deluque

“El amor no sabe nada del miedo, y la confianza no sabe nada del miedo, así como la luz nunca ha visto la oscuridad, el amor y la confianza nunca han conocido el miedo”. Osho

Desde hace un tiempo he querido escribirle estas palabras, querido Luis; aunque no he tenido el placer de conocerlo, he podido reconocer en usted la valentía y la perseverancia que tanto escasea en este mundo a veces perdido en las mentiras y en los afanes donde muchos egos priman y en donde la insensibilidad florece, donde las riquezas se buscan en los estratos y en los apellidos, donde muy pocos son capaces de reconocerla en el corazón.

Es usted querido profesor, el que en estos tiempos cuando nadie busca la verdad, decidió tomar las banderas de la dignidad y decirle al mundo que nada está perdido. Sé que muchos que lo han acompañado en su lucha por hacer justicia se sienten perdidos porque la justicia no llega, y la impotencia es más grande porque el silencio impera; pero siempre está sacando fuerzas desde donde no las hay, aunque el dolor poco a poco lo consume, pero también el amor poco a poco sana las heridas, lo alienta y le alimenta, entonces su voz vuelve y se escucha, su queja vuelve y se siente con mayor fervor, como desde aquel día en que a miles de kilómetros se enteró que Luis Andrés, su hijo amado, había partido a la eternidad.

Papá ColmenaresAsí empezó esta lucha querido amigo, entre el dolor y las heridas, entre las cámaras de los medios amarillistas y las mentiras, buscando la verdad, porque nadie que ha luchado por amor se siente vencido, nunca, nadie ha sido vencido si ha luchado por amor.

Todos los 31 de octubre al caer la noche, muchas personas en el mundo celebran el Halloween, o la también conocida Noche de Brujas, muchas de estas personas, según su costumbre, se disfrazan, pero hay algunos en particular, que desde aquel día en que Luis Andrés dejó de existir, se tienen, por obligación, que ocultar detrás de máscaras de hipocresía, detrás de las máscaras de la falsedad, porque la conciencia no los perdona, porque los recuerdos no los  esquivan, y entre más oscuro fue el pasado para algunos, mayor es la luz que penetra por la ventana de su presente; sí es verdad, mientras que algunos ese día sonríen otros lloran ante tanta desidia, ante tanta maldad, pero nada está oculto entre cielo y tierra, la vergüenza es el sentimiento con el que tienen que vivir aquellos que desde hace cinco años caminan con esas enormes mascaras sobre su rostro, buscando el olvido y tratando de ocultar  la verdad.

Ha sido un caballero querido amigo, aunque la ira le toca en lo más profundo de nuestra idiosincrasia, ha mantenido la cabeza en alto sin deseos de venganza, no se necesita de abolengos, ni de apellidos para revestirse de dignidad, porque aquellos que lo tienen hoy nadan entre ríos de dinero y de desgracia, tratan de una o de otra manera acallar el alma de un pueblo villanuevero, del pueblo que por ser guajiro, según ellos, no merece respeto, no merece justicia; gracias amigo Luis, por hacerles saber que están equivocados, que somos un pueblo digno que no está dispuesto a arrodillarse ni a quedarse en el olvido.

Hace unos meses conocí a Jorge, su otro hijo, y al igual que Luis Andrés es un muchacho noble e inteligente, de buenos modales, intercambiamos opiniones y descubrí en él la parte humana que se reconoce en todo el pueblo guajiro.

Muchos de sus alumnos le han visto llorar y caminar en los pasillos de las universidades un poco pensativo, y se preguntará ¿por qué a mí?, ¿por qué a mi familia?, yo tampoco tengo las respuestas a sus inquietudes, pero tengo que decirle que si tuvo vivir esto por designios del destino, aún al contrario de las leyes de la naturaleza, donde lo normal es que los hijos despidan a sus padres, ha asumido con gallardía esta prueba tan dura; hoy son muchos los colombianos que están luchando con usted, colombianos que en el camino de la búsqueda de la verdad se quedaron sin esperanzas, son muchos los colombianos que se aferran a la justicia divina porque la terrenal muchas veces les dio la espalda, pero hoy lo ven luchar y vuelven a soñar, a creer, porque si la puerta se abre para usted, será un nuevo comienzo para nosotros como sociedad, sociedad que le ha tocado vivir entre el tapen y tapen, en medio de un océano de injusticias.

Sé que Oneida, su esposa, solo quiere que Luis descanse en paz desde aquel día en que su hijo se le apareció en un sueño para decirle que en su cuerpo encontrarían las respuestas para hallar la verdad de su triste partida, hoy por sus marcas de dolor todos sabemos que a Luis Andrés lo mataron, pero queremos también que su espíritu pueda estar en paz.

Gracias Luis por no darte por vencido, por seguir enseñando, por continuar adelante llevando esperanza, sé que ya no hay odio en tu corazón, sé que cada lágrima que derramas es un suspiro al olvido que intenta poco a poco quitarte el más bello de tus recuerdos. Hoy te escribo estas palabras antes que termine este año esperando que el próximo por fin termine tu lucha, que este diciembre les sobreabunde la alegría, que no es solo una familia la que extraña a Luis Andrés, sino también Colombia entera, que reconoce en tu lucha el más bello de los compromisos, ese tan grande como lo es el amor, que tu ángel siempre te cuide.

Sigue adelante querido amigo no tengas miedo, estamos contigo.

NAMÁSTE.

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