Por Jonathan Juha. @Joju13

 Nada había de especial ese 22 de enero. Las noticias que llegaban desde Colombia y el mundo, solo reflejaban el hecho de que las cosas seguían tal y como en el 2013 las había dejado. Veintidós días dentro del año, y ya por ningún lado se veían rastros de las promesas de cambio que había hecho el gobierno para el 2014; todo transcurría normal, las informaciones de irregularidades en las convenciones de los partidos, los abusos de poder del procurador, y el irrisorio aumento del salario mínimo, se mostraban en noticieros como capítulos viejos de una novela que se había visto antes, y a la cual, ya se le conoce el final. Fue en medio de ese devenir de cotidianidad,  que nos enteramos de algo que nos hizo levantar la mirada al televisor. Desde el principado francés, llegaban las primeras imágenes de un ‘tigre’ herido de gravedad en una jugada desafortunada, en un partido insignificante, en una liga que se conoce solo porque el dinero la puso de moda. El hombre destinado para liderar a la Selección, y consigo, las esperanzas de todo un pueblo sumergido en problemas, caía lesionado, y sus posibilidades de estar en la cita mundialista, se reducían al tamaño de un grano de mostaza.

 Pasado el shock de la noticia, y con la cabeza un poco más clara, fue fácil ver que la cosa no estaba del todo perdida. Al fin de cuentas, en un equipo de fútbol juegan once, y en estos momentos, Colombia cuenta con mucha gente con talento que puede remplazar a nuestro nueve, y mantener el rumbo de la Selección.  ¡Vaya contraste con el panorama político! Sé exactamente lo que están pensando, y no, la comparación Falcao-Santos no cabe ni en su función de líderes. Me refiero más bien a lo segundo, a lo de “gente con talento para tomar el mando”. Talento seguro que hay, diré para ser justo, pero pasa que simplemente éste se queda siempre atascado en el camino, ante la maraña en que se ha convertido el sistema político colombiano.

 Desde lo anterior, es que ha tomado más fuerza en mi mente, la idea del voto en Blanco. La de no querer ser más cómplice pasivo de los delitos que a diario se cometen en el país. Porque seguramente, en un mundo racional, debe ser crimen que una tierra bendecida por Dios, donde el sol pega con fuerza todos los días, y arterias de agua bañan el suelo para que dé sus frutos, existan personas que mueran de hambre diariamente. Simplemente, me niego a aceptar la basura que nos tiran desde la clase política  y a elegir entre personas que prostituyen sus ideales, si es que alguna vez tuvieron unos, con tal de acercarse más al poder. No me permito seguir simplemente como espectador, viendo con brazos cruzados, cómo entregamos nuestro futuro en bandeja de plata a los mismos que roban nuestros sueños.  La solución no está en ellos, sino en nosotros; en convertir en verbo el “No Más”, tantas veces repetido, y voltear la página a una en blanco. Colombia está tal como la rodilla de Falcao, destrozada por dentro, y con una mínima esperanza de poder recuperarse a tiempo. ¿Qué hará usted al respecto?


MI PUNTO APARTE

Colombia 2014, un diagnóstico preocupante.

Por Juan Pablo Devia @jpdevia

“Alegría y Esperanza”: Este debería ser el lema que se lea en la cinta de oro que cuelga del Escudo Nacional. No solo sería un merecido reemplazo para la utopía  “Libertad y Orden”, sino que además describiría, desde los símbolos patrios, lo único que lleva todo colombiano en su trágico vivir diario, “fe”. Así nos va en el fútbol, así nos va en la República; en medio de aquello, nacemos; y en medio de aquello, morimos. Ninguno de nuestros caminos es fácil, todos son pedregales cuesta arriba en medio de la lluvia. Con todas las dificultades que representa, esa loma la subimos todos a través de la historia particular de cada familia, así como en el transcurrir de la vida nacional. Cada amanecer es el comienzo de una nueva lucha que deja días buenos y malos; para nuestras memorias políticas y deportivas, hay fechas gloriosas casi siempre separadas unas de otras por décadas tristes. En todo caso, considero que el impulso de esa voluntad optimista, es la ilusión de cumplir sueños, la esperanza de un mañana mejor, ese es el motor de nuestra patria.

Observar la situación del país me agobia, tengo que ser sincero. La globalización cultural y tecnológica genera una falsa impresión de que estamos avanzando socialmente; gran parte de la juventud educada habla por lo menos dos idiomas, y cada vez, más personas tienen acceso a internet.  Las rendiciones de cuentas sobre la economía aseguran que su crecimiento ha sido sólido a pesar de la crisis mundial, y que el comercio internacional florece en el nuevo siglo gracias a los tratados de libre intercambio con las potencias. Los comunicados presidenciales dan parte de seguridad nacional y estabilidad política. Aparentemente, no hay nada de qué preocuparse, excepto que Colombia se vuelve invivible cada día.

La realidad es que no andamos en las vías que trazan las estadísticas, y los planes de gobierno prometen castillos en el aire. Es cierto que las comunicaciones han cambiado gracias a la tecnología, pero socialmente estamos más atrasados que nunca. Hasta el 2012, había en Colombia, más de quince millones de usuarios de Facebook; sin embargo, la red no se usa para más que despotricar de Uribe o de Petro, insultar a Stefan Medina o a Rodallega; y sobretodo, juzgar las preferencias de religión o sexualidad de diversas minorías. Una cosa es opinar con respeto, y otra muy distinta es hacer de estos sitios una plaza de inquisición. Por otro lado, nos engañamos fácilmente acerca del desarrollo de la economía, que aunque tiene episodios aislados de innovación, evidencia a grandes rasgos el atraso del sistema productivo; la composición del ingreso por exportaciones muestra que seguimos en el siglo XIX: las exportaciones no tradicionales representan solo el 30 % del total, mientras el resto está constituido por sectores de materias primas como carbón, ferroníquel, y principalmente petróleo y sus derivados (todos recursos no renovables que, entre otras cosas, no son usualmente aprovechados por la industria colombiana). Anoto, sin mencionar la situación del campo, que enfrenta uno de los momentos más críticos en la historia reciente del agro.

En el contexto urbano, el empleo y la criminalidad son dos de esos temas que se ven afectados por los grises estadísticos; cada vez se inventan una forma nueva de medirlos para mostrar mejores resultados. De esta manera, las administraciones respaldan sus discursos diciendo que todo está de maravilla; menos mal no se concretó lo del ‘Pibe’ en el Senado, ahí sí nos hubiera fregado con el “Todo bien, todo bien”. Lo cierto es que las ciudades de Colombia siguen creciendo descontroladamente; Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla están consideradas en estado crítico de sostenibilidad, expuestas, según expertos, a graves consecuencias económicas, ecológicas y sociales. Así, podría seguir exponiendo realidades del país que me desaniman diariamente, pero termino con la más descarada de todas: que el secretariado criminal de las FARC (los viajeros VIP de la lista roja de Interpol) siga de vacaciones con gastos pagos en Cuba, mientras el salario mínimo aumentó en solo $883 pesos diarios.

En fin, para no atormentarme con este dolor de patria que me aqueja, y ante todas estas situaciones tan preocupantes, me acojo al nuevo lema de “Alegría y Esperanza”; al final, eso es lo que nos mantiene vivos y andando, la fe. Los invito a agradecer por la vida, a seguir optimistas, a mantener un corazón sin odio, pero asimismo a despertar, a reconocer que las propuestas electorales actuales están lejos de las necesidades de los colombianos. Cumplamos con nuestro deber político, ya es hora de trascender de la discusión de cafetería y movernos a los espacios democráticos que nos pertenecen. Llevemos nuestro descontento a las urnas y enviemos un mensaje contundente a través de un voto diferente, un voto de opinión, un voto libre, el voto en Blanco.

Eso es lo que haré al respecto.

Seguiremos hablando.

Destacado 1

Colombia está tal como la rodilla de Falcao, destrozada por dentro, y con una mínima esperanza de poder recuperarse a tiempo.

Destacado 2

Las rendiciones de cuentas sobre la economía del país, aseguran que su crecimiento ha sido sólido a pesar de la crisis mundial, y que el comercio internacional florece en el nuevo siglo, gracias a los tratados de libre intercambio con las potencias.

 

 

 

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