Por Jonathan Juha. @joju13

Sería difícil negar que Colombia se encuentra, en estos momentos, en un momento trascendental en su historia. Me atrevería, incluso a decir, que el futuro del país, en los próximos 20 años, dependerá de las decisiones que se tomen hoy, en los distintos frentes abiertos de nuestra sociedad. A nivel económico, el país afronta un proceso muy importante y delicado de apertura económica a los mercados internacionales; en la parte social, vivimos un tiempo de gran inestabilidad, reflejo del inconformismo del pueblo, contra la clase dirigente del país; y por supuesto, a nivel político, tenemos el proceso de paz en la Habana entre el gobierno y las FARC, que abre la posibilidad de alcanzar la paz y de tener una salida negociada a un conflicto que, mucho ha tenido que ver, con el poco desarrollo que ha tenido el país en las últimas décadas. Sí, sin duda, hoy más que nunca, se necesita hacer las cosas bien; el problema es que, justo en estos momentos tan cruciales para los colombianos, el país carece de un líder que pueda llevar este barco a buen puerto.

Lo preocupante de la situación son varias cosas. Primero, es que candidatos hay muchos, pero ideas no tantas. Muchas de las figuras políticas que aspiran hoy a la presidencia, tienen como su mejor argumento para ser elegidos, el llevar las ideas de otro. Sin querer y sin notarlo, y siendo uno de la izquierda y otro de la extrema derecha, hemos puesto a Uribe al mismo nivel que los venezolanos tenían a Chávez. Porque no falta quien piense fervientemente que la solución idónea sería reelegir al ex presidente, ignorando que, la perpetuación de una misma persona en el poder,es en símismo, un ataque a la democracia; porque se pasa de seguir a las ideas, a seguir al individuo. Por eso, la personificación de los partidos políticos: de ahí, lo del chavismo; de ahí, lo del Uribe Centro Democrático.

De pensar es también, que el poder y la presidencia en Colombia, se ha vuelto un club exclusivo con solo unos cuantos miembros. Creemos ser completamente libres de poner en el poder a quien queramos, cuando las decisiones de hasta quien se presenta como candidato, las hacen unos cuantos. El poder se lo pasan entre las manos los mismos con las mismas; el presidente escoge a su delfín, quien, al buscar su reelección, le tocaría enfrentarse con un primo, o con el elegido del mismo que lo puso a él en el poder. Tenemos derecho a escoger entre las opciones que ya se han decidido por nosotros.O tal vez,no siempre queda abierta la posibilidad del voto en blanco, para los que no estamos satisfechos con lo que se nos quiere ofrecer desde el poder; para los que buscamos demostrar, de manera pacífica y democrática, el inconformismo que sentimos, ante una clase política que no representa los intereses del pueblo. No, votar en blanco no es como muchos piensan, botar un voto. Es más bien, no dar nuestro consentimiento a que las cosas sigan igual, y es comenzar por nosotros mismos, a ser el cambio que queremos ver.

MI PUNTO APARTE 

COLOMBIA LIBRE: POR UN PAÍS SIN BELIEBERS, NI ‘URIBERS’

Por Juan Pablo Devia. @jpdevia

Habiendo entrado la época de fin de año, estaba más pensativo que de costumbre. Tomé el calendario anillado, todo resaltado con colores, y llevé los ojos a octubre, “Semana cuarenta y cuatro…”, murmuré. “Se nos fue el año sin darnos cuenta.”

Apenas había pasado el día de las brujas y, como es habitual, ya aparecían mil promociones de supermercados con pavos decorados, y todo lo demás que no puede faltar en unas felices fiestas. Fue inevitable pensar en la cena festiva en casa de mi abuela, escuchando las historias de los adultos, todos emperifollados y pachulosos, jugando con los primos socios de la infancia, viviendo en familia.

Entonces, sentí nostalgia de aquel tiempo y lugar, y busqué pronto noticias de la tierra, queriendo enterarme de qué otra cosa me estaba perdiendo fuera de ella. “¿Cómo irá el Junior?”, me pregunté. “Seguro ya volvieron a echar al Zurdo.” Noté que cada vez se me hacía más difícil mantenerme al día. Sin embargo, casi todos los titulares, se veían muy familiares, hasta que me detuve en uno que tuve que leer dos veces: “Justin Bieber pinta grafitis en Bogotá, escoltado por la Policía”, esto tenía que ser broma.

Me pareció tan inusual, que seguí leyendo y, ciertamente, el muchacho aparecía en fotos pintando ‘mamarrachos’ en un muro, rodeado de seguridad privada y de patrullas de Policía colombiana. ¿Pero quién se ha creído esta persona? De verdad, ¿Hasta cuándo las instituciones del país, van a seguir desprestigiándose a sí mismas?, ¿Por qué hay que correr a atender a los ídolos de Mtv con semejante importancia?, ¿Qué pasó con el lema “Dios y Patria”? Me intrigó tanto el tema, que al día siguiente, fui directamente a la noticia. Ya habían declaraciones y reacciones. La Alcaldía ordenó borrar la pintura aerosol que dejó el joven cantante, ante la protesta eufórica de sus fanáticas adolescentes, que pedían no acabar con aquella ‘obra de arte’; que dejaran, por lo menos, la firma de Justin, suplicaron. En ambos lados de la opinión, se podía leer odio; unos comentarios mejor argumentamos que otros. Se puso sobre la mesa, el polémico caso de Diego Becerra, el joven colombiano asesinado por un policía en 2011; la prensa se dio gusto criticando a la Policía, comparando ambas historias. Preferí no entrar en más detalles del episodio de Bieber; más bien tratando de verlo como un síntoma más de nuestro país enfermo, con un gobierno cojo y un pueblo que odia.

Junto al titular de los Beliebers encontré el de los ‘Uribers’, como se me ocurrió llamar en el momento a los participantes de la cumbre del ex presidente. —Al fin una noticia útil—pensé, pues no había casi nada de servicio. Por supuesto que era un tema importante, no como el del graffiti. Este sí que era un asunto decisivo para el país, Uribe había escogido su caballo de batalla, su candidato a las próximas elecciones presidenciales. Algo bueno ha de tener el elegido, pues la responsabilidad de cargar con el destino del país, no es poca cosa; sobre todo, después de que el actual presidente “traicionara” la confianza de su majestad. Veremos qué pasa. Me dije a mí mismo y leí los detalles de la designación. Al terminar el artículo, encontré comentarios con el exacto mismo fanatismo de los de la noticia anterior. Las expresiones cegadas por odio, la falta de identidad propia, la idolatría.

-Continuará-

DESTACADO 1

Votar en blanco no es como muchos piensan, botar un voto. Es más bien, no dar nuestro consentimiento a que las cosas sigan igual, y es comenzar por nosotros mismos, a ser el cambio que queremos ver.

DESTACADO 2

¿Hasta cuándo las instituciones del país, van a seguir desprestigiándose a sí mismas?, ¿Por qué hay que correr a atender a los ídolos de Mtv con semejante importancia?, ¿Qué pasó con el lema “Dios y Patria”?

 

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