Ciertamente las redes sociales han cambiado tal manera que, ahora se hace política libremente. En estos días, no hace falta nada; sólo detenerse a comprobarlo en las redes sociales, para darse cuenta de su poder ‘avalanchador’ alrededor del tema más polémico del momento.

Es común escuchar con mucha frecuencia, aquello de que la conocida explosión de estos espacios virtuales, ha cambiado la forma en que comunicamos noticias y participamos políticamente. ¿Participamos? Hay opiniones diversas acerca de si esta Twitter-política, pueda considerarse participativa o simplemente una encuesta constante en tiempo real. La pregunta es: ¿cómo se pasa de los likes y retweets, a los cambios de hecho?

Casos como la fugaz ‘ola verde’ de Mockus, y el decepcionante desenlace de las recientes elecciones presidenciales en Venezuela, acompañan al ya mencionado fracaso del matrimonio igualitario en el Congreso colombiano, en la memoria de los casi acontecimientos, en los que el destino le quedó mal a la voluntad de la tribuna cibernética.

Sin embargo, todas las apuestas están a favor de las redes, como principal medio de comunicación; y perfecto espacio para la denuncia, el debate abierto, y la confrontación de ideas. Las ‘querellas’  se vuelven globales en segundos, cuando desde algunos países como Venezuela, por ejemplo, se hace lo que se puede para publicar los abusos de los regímenes.

El debate es abierto y rico, valiéndose de contenido periodístico compartido de primera mano, y contra argumentos inmediatos de interlocutores, entre ellos, muchos desconocidos. Cuando hay lugar a la confrontación, puede tornarse especialmente emocionante para participantes y espectadores; excepto cuando se rebaja al chisme y al insulto, como suele suceder con los actores políticos colombianos y sus ‘tuiterazos’.

De cualquier manera, el alcance de estas plataformas es admirable y esperanzador, si se le mira con optimismo, pero son redes débiles en el punto clave para la búsqueda del cambio y la toma de decisiones.

Para el colega Andrés Pianetta, el simple acto de difundir una foto o comentario, es una acción que produce cambio. Agrega además que con esto de la redes sociales, “siempre va a pasar algo”, asegurando en un doscientos por ciento, que todo el ruido de las redes termina teniendo eco en las discusiones políticas.

En esta perspectiva, al parecer compartida por la mayoría, se cree que con el pasar del tiempo, se habrá formado una conciencia colectiva, con respecto a un tema en cuestión; y será en ese momento, cuando ya estaremos frente a un cambio originado en las redes sociales.

Por otro lado, DevinColdewey de NBC, advertía el mes pasado que, aunque las redes sociales se han politizado, no se trata de una revolución de opinión y participación activa, sino que tal vez pase algún tiempo, antes de que estos medios puedan ser considerados un foro serio para el intercambio de ideas políticas.

Personalmente, en cambio, no espero ver tal situación de tolerancia y coherencia en la que las decisiones de los líderes estén precedidas del debate a escala de esta sociedad virtual; sobretodo, ahora que la humanidad entra a otra década de escenarios políticos, marcados por los giros emocionales de gobernantes que reinan por encima de las leyes de sus estados.

¿Qué hacer entonces con las redes sociales?

 Es difícil negar que el nuevo paradigma de comunicación que han construido las redes sociales hasta hoy, sea menos importante que el desarrollo de la imprenta en los primeros tiempos de industrialización. Lo es también garantizar que estos nuevos espacios de debate y convocación, se constituyan en mecanismos de participación política más efectivo, en un tiempo en el que las democracias modernas, se cuestionan cada vez más. Sin embargo, no hay duda de que para ver pasar cambio alguno desde las redes sociales, hay que hacer algo más allá que dar click en un simple y sencillo ‘Compartir’.

 

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Es una columna de opinión en la que se contrastan puntos de vista sobre temas de actualidad de forma independiente, sin compromisos con asociaciones políticas o religiosas.

Juan Pablo Devia
Escritor y Profesional en Negocios Internacionales

LAS REDES SOCIALES Y LA POLÍTICA

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¿Sólo Dale Compartir?

No estoy muy seguro cuál fue la última campaña “social” y “concientizadora” que vi en internet. Creo que una que proponía Human Rights Campaign, en la que se le sugería a personas de todas partes del mundo, cambiar sus fotos de perfil, en las redes sociales, por un signo de igual rosado con fondo rojo, como muestra de apoyo a todas las parejas homosexuales, abogando por una igualdad de derechos para todo tipo de parejas.

Casualmente, por esos días, se debatía en el Congreso colombiano, una reforma para que personas del mismo sexo pudieran acceder a la seguridad social y conformar uniones matrimoniales  y, como en este país nos encanta imitar y seguir todo lo que venga del exterior, la campaña fue todo un éxito entre los usuarios de las redes sociales en Colombia.  Miles de personas siguieron la corriente y decidieron cambiar sus imágenes de perfil, para mostrar su apoyo a la causa y solidarizarse con la comunidad LGTB en su lucha. Un par de semanas después, como era de esperarse, la reforma se hundió.

¿Qué salió mal?

Si una buena parte de la población cambió su foto, y la opinión pública en la red parecía estar a favor de la reforma, entonces ¿Por qué no tuvo éxito? Todo indica que el hecho de querer generar un cambio social, sin verdadera acción política, es como intentar saciar el hambre cocinando, pero sin comer.

Durante la primavera del 2011, en lo que se conoce ya como el ‘Despertar Árabe’, redes sociales como Facebook y Twitter, jugaron un papel fundamental para llevar a cabo la transformación democrática que las masas de ciudadanos en países como Egipto y Libia, pedían a gritos. La red social del ‘pajarito’ no sólo sirvió como herramienta para que miles de personas pudieran expandir su mensaje y hacerle saber al mundo lo que ocurría en las calles, sino que también contribuyó  para concretar los puntos de reunión de donde saldrían las protestas, denunciar los abusos y combatir la propaganda de los regímenes.  Ahora, imaginen por un segundo, que esta revolución se hubiese llevado únicamente a cabo a través de las redes sociales, desde la comodidad de un computador o un celular, sin llevar a las calles las ideas y el clamor del pueblo; muy seguramente, hoy en día, Gaddafi y Mubarak aún estarían en el poder.

Pero no me malinterpreten. Creo firmemente en el potencial que poseen las redes sociales y el Internet para fortalecer las democracias, crear una población mejor informada y transmitir una idea a miles de personas de una manera rápida, eficaz y a bajo costo.  Este es sólo el primer paso, ya que las palabras deben ir acompañadas de acciones, si se quieren obtener resultados.

Hace algunos años atrás, se le preguntaba a Habermas si él consideraba que nuestra sociedad estaba más comunicada ahora con el uso del internet, a lo que él respondía que éste nuevo medio, en vez de unir – debido al uso que se le estaba dando- dividía a la gente, ya que individualizaba los procesos democráticos y transportaba todas las problemáticas a una área donde su impacto real era mínimo; es decir, el ciberespacio.

Compartir un link, cambiar una foto de perfil, o comentar sobre el tema controversial del momento, puede darnos la sensación de ser políticamente activos. Pero no se engañe, la realidad es otra; para demostrárselo, lo invito a que la próxima vez que tenga hambre, cambie su foto de Facebook por un suculento plato de carne en bistec, con ensalada rusa a ver cómo le va. Si al cabo de dos horas, aún tiene hambre, tal vez pueda acordar conmigo que los problemas de la vida real se solucionan  aquí en este mundo, y no solo a través de una pantalla.

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Es una columna de opinión en la que se contrastan puntos de vista sobre temas de actualidad de forma independiente, sin compromisos con asociaciones políticas o religiosas.

Jonathan Juha
Estudiante de Ciencias Políticas y Medios de Comunicación,
Universidad de Western Ontario, Canadá.

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